lunes 12/4/21

Vientos de tizas rojas, el suicidio adolescente en Argentina

suicidio

Hay una deconstrucción de jerarquías que enluta a los jóvenes y que los sitúa de una forma peligrosa ante los difusos espejos sociales. Es fundamental remarcar la potencialidad transformadora que tienen los docentes en esa ardua labor de estructuración interna, son al fin y al cabo la única salida del laberinto que los mantiene aislados.  

El suicidio es determinado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión, o un daño, con un grado variable de la intención de morir, cualquiera sea el grado de la intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”. Esta definición es una radiografía explícita de la actualidad que atormenta hoy día a los niños, niñas y adolescentes según las tasas provinciales, informó la Dirección de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social, dependiente de la Subsecretaría de Educación. DGCyE. de la Provincia de Buenos Aires. En números, la frecuencia absoluta en que se presentaron las situaciones, sobre la matrícula escolar de cada año, se observa que mientras 1,5 de cada 100.000 NNyA escolarizados se suicidó en el año 2013, este número bajó a 1,24 en el año 2015 y ascendió nuevamente a 1,5 en 2016. Por otro lado, con respecto a los intentos de suicidios se pasó de 19 de cada 100.000 NNyA escolarizados durante el año 2013, a 29 de cada 100.000 NNyA escolarizados, que atravesaron esta situación en 2016.

En la guía para los profesionales de los medios elaborada por la OMS, la forma en que los medios informan acerca de casos de suicidio puede influir en otros suicidios. Con el objetivo de consensuar buenas prácticas y para evitar daños mayores por una mala cobertura periodística, desde ENACOM (Ente Nacional de Comunicaciones) se elaboraron consideraciones y recomendaciones para el tratamiento mediático de casos relacionados con el suicidio. Una de las recomendaciones es evitar el sensacionalismo, el dramatismo y la espectacularización del caso. Prescindir de la elaboración de una descripción pormenorizada del método utilizado para evitar mecanismos de imitación e identificación en los grupos vulnerables que pudiesen existir en la audiencia. Además, es importante evitar representaciones detalladas del acto realizado por la víctima, la emisión permanente de fotografías y videos de su vida y el uso de recursos sonoros y visuales. Algo complicado en estos tiempos de exposición mediática, donde tener la exclusividad parece romper toda estructura de prevención.

Para intentar desglosar esta temática nos encontramos constantemente con innumerables escritores y periodistas que abordan el suicidio, desde la novela de Goethe “Leiden des jungen Werther” (Las Penas del Joven Werther) publicada en 1774, donde el héroe se dispara luego de un amor infortunado, y poco después de su publicación, se informó acerca de muchos varones jóvenes que usaron el mismo método para cometer suicidio; hasta publicaciones más contemporáneas. Desde este lado del océano y muchos años después de aquel entonces, una obra magistral de Leila Guerriero titulada Los suicidas del fin del mundo, nos adentra en las profundidades de la problemática de la desesperación. Justamente la escritora juninense de 53 años nos mueve a una región del país con tierras cuasi desérticas, donde se despliegan diversas Patagonias impregnadas de mito: la tierra maldita, la tierra misteriosa, la tierra relegada. Uno de los bastiones en esta temática es justamente la ciudad de Las Heras, Fundado el 11 de julio de 1921, Las Heras creció al mismo ritmo en que se iba vaciando, impulsado por la fiebre del petróleo que desde fines de los ‘70 atrajo a trabajadores golondrina de todo el interior para probar suerte. Hasta que –en la década del ‘90– YPF pasó a Repsol y el desempleo trepó a un insoportable 25 por ciento en una población de 9300 habitantes. Sin embargo, no es sólo eso, la lectura de Los suicidas del fin del mundo, una crónica que pone más el acento en el costumbrismo que en la tarea de destapar ollas, enseña que la peculiaridad no estática de la composición demográfica de Las Heras es sólo la puerta de entrada para entender la causa de tanto suicidio adolescente. Pero viendo esta realidad importa poco donde estén localizados estos pueblos fantasmas, sea Cañadón Seco, El Cuy, El Caín, Malinchao o la meseta de Somuncurá. Lo que realmente importa es el alto grado de exposición y la rapidez con que las noticias corren, esto hace imperioso repensar el oficio de periodismo. Hay un entramado geológico de voces tan disímiles que cuesta encontrar un hilo conductor tras cual encolumnarse ya que la diversidad de medios, y por sobre todo, los conflictos de intereses y poder marcan una agenda muy distinta. Allá por el año 2013 me tocó cubrir un nuevo aniversario de la Masacre de Patagones, pude ver en carne propia los rostros de aquellos niños que habían cambiado radicalmente sus espejos. En aquel entonces dirigía una productora de medios audiovisuales y decidimos adentrarnos en ese pueblo del sudoeste de la provincia de Buenos Aires, un pueblo castigado por el derramamiento de sangre. Un martes 28 de septiembre de 2004, apenas pasadas las primeras horas después de haber entonado el himno nacional en el Instituto N° 202 "Islas Malvinas" de Carmen de Patagones, un alumno de 15 años, identificado como Rafael Solich, disparó con una pistola (perteneciente a su padre) contra sus compañeros de aula, provocando la muerte de tres de ellos e hiriendo a otros cinco. El caso llamó la atención del mundo entero, la prensa resguardó su identidad bajo el nombre de Juniors, pero el fantasma de la tragedia comenzaba a encumbrarse en cada una de sus calles, hasta el punto mismo de fusionarse con el ambiente. La cobertura de este episodio pobló los noticieros, la carencia de profesionalismo y la necesidad de hurgar en todo ápice del pueblo contrastaba con las buenas prácticas que hoy día intentan sondear la profesión para evitar el sensacionalismo. 

María Sonia Cristoff, una periodista nacida en Trelew durante 1965, nos acerca a la problemática por medio de su novela Falsa calma donde recorre diversos pueblos patagónicos en vías de desaparición con el fin de detectar las características del aislamiento de aquellos que los habitan. Otro caso famoso se relaciona con el libro Final Exit (Salida Final) escrito por Derek Humphry, después de su publicación, hubo un aumento en los suicidios en Nueva York, usando los métodos descritos. La publicación de Suicide, mode d’emploi (Suicidio, modo de empleo) de Claude Guillon y Yves Le Bonniec también condujo a un aumento en el número de suicidios. De acuerdo con el sociólogo David Phillips, el grado de publicidad dado a la historia de un suicidio está directamente correlacionado con el número de suicidios posteriores, a este fenómeno, el catedrático norteamericano lo llamó Efecto Werther, un corolario imitativo de la conducta suicida.

Conocer otros casos sobre suicidios bien tratados en los medios de comunicación puede tener un impacto positivo y preventivo en personas que están en riesgo. Hablamos del Efecto Papageno y se consigue abordando la información de manera respetuosa y cuidadosa, así como empatizando con el potencial suicida. Es el efecto contrario al Efecto Werther, un buen manejo de la información sobre el suicidio puede tener efectos positivos en la prevención y puede llegar a conseguir que aquellos con ideas suicidas desistan de sus intenciones. El “efecto Papageno” debe su nombre a un personaje de La flauta mágica de Mozart. Su suicidio planificado lo evitan tres espíritus infantiles que le recuerdan las alternativas a la muerte.

Pero si hablamos de suicidio no podemos escapar a Le suicide, una obra del sociólogo francés Émile Durkheim, fue uno de los primeros autores que analizaron el tema del suicidio desde un punto de vista sociológico (y no como un fenómeno psicológico o con connotaciones moralistas). Durkheim analiza numerosos factores que influyen o no en la tasa de suicidios, las causas sociales (como la religión, el matrimonio o las situaciones de guerra) o extra sociales (como serían la herencia genética, el género o las condiciones climatológicas).

En el Libro de Estilo de El País España se puede leer: “El periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias incitan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio y que sienten en ese momento un estímulo de imitación. Por su parte, el Libro de Estilo de El Mundo apunta: “Un suicidio no debe ser noticia en sí mismo. Acaba siéndolo cuando el autor es un personaje relevante o cuando se convierte en un hecho significativo por la forma de llevarse a cabo, la edad o el problema social que se esconde detrás. A la hora de informar de un suicidio hay que tener en cuenta previamente dos cuestiones:

• Primera, hay que valorar el común criterio de psiquiatras y psicólogos que nos advierten de que las noticias sobre un suicidio atraen a otras potenciales personas con riesgo de suicidio.

• Segunda, no hay que precipitarse y calificar de suicidio una muerte solo por las apariencias. Hace falta profundizar en la noticia.

Es importante ser conscientes de que, en algunos medios de comunicación, se reproducen experiencias de malas prácticas en el tratamiento de noticias sobre suicidios. En estos casos, se supera la tendencia del silencio y se informa cuando se produce un suicidio, pero se hace desde un enfoque sensacionalista. En algunas ocasiones pueden primar las audiencias televisivas y los rankings de popularidad antes que la información rigurosa y en línea con las directrices internacionales al respecto. Para cambiar esta situación y normalizar los nuevos criterios informativos con respecto al suicidio, podemos señalar aspectos que deben ser tenidos en cuenta y que son fundamentales para informar con rigor sobre el suicidio: elección de las fuentes y seguimiento de las recomendaciones internacionales en el tratamiento informativo de la pieza (noticia, entrevista, reportaje, etc.) con especial atención a la elección de los testimonios. El Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se celebra el 10 de septiembre, está organizado por la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio. El objetivo de esta jornada, que copatrocina la OMS, es demostrar que estos actos se pueden prevenir.

En relación con las estadísticas obtenidas en la DEIS, durante el 2018 se registraron un total de 336.823 defunciones en todo el país, de las cuales 19.472 fueron atribuidas a causas externas, grupo que comprende a los suicidios y representa el 6% del total de muertes. Las defunciones por causas externas según la Organización Mundial de la Salud (OMS), son fallecimientos que comprenden dos tipos de lesiones según su intencionalidad: las no intencionales y las intencionales. Dentro de las causas externas con carácter intencional, en donde interviene la violencia y se llega a la muerte a través de lesiones auto infligidas, se ubica el suicidio con 3.322 defunciones en todo el país durante 2018. Con el 17% el suicidio es la tercera causa de muerte en el país dentro de esta categoría y es definido como el acto deliberado de quitarse la vida según la OMS. Desde el Centro de Asistencia al Suicida (CAS) brindan orientación para los adolescentes, entre sus conceptos están: mirar la vida en perspectiva, elaborar un proyecto de vida, alejarse de los excesos y las adicciones, cuidar el círculo de amigos, no responder al acoso o a las agresiones y buscar ayuda. El suicidio es un importante problema de salud pública, es una de las principales causas de lesiones y muerte a nivel mundial. Aproximadamente 1 millón de personas se suicidan por año. Se estima que ocurre 1 suicidio cada 40 segundos.

Comencé este informe con la necesidad de denotar la importancia que tienen los docentes y maestros, y por sobre todo los periodistas en dar vuelta los números negativos en cuanto al suicidio a nivel mundial. Creí oportuno resaltar la labor de Amalia Alonso, una incansable luchadora social recientemente fallecida. En los años 70, tiempo álgido de la República Argentina, mi abuela, una docente y directora de escuela en la ciudad de Santa Fe escondía a unos alumnos dentro del baúl de su coche para poder evadir los cordones policiales que se encontraban diseminados por las cuatro latitudes del país. Se deben generar nuevos zurrones de empatía con esta terrible problemática que nos circunda, ensuciarnos las manos y meternos en el barro para evitar un incremento de los vientos de tizas rojas que alimentan el suicidio adolescente.

Aunque parezca que el dardo se equivocó de tablero, no es tan así, más bien todo lo contrario. Comencé este informe queriendo hablar del suicidio adolescente, pero abordé en primera instancia el caso de un asesinato por parte de un niño de quince años en el sur de la Provincia de Buenos Aires hacia algunos de sus compañeros. Hay dos concepciones muy importantes en cuanto a flagelos adolescentes en la Argentina, primeramente, la violencia ejercida de forma exógena hacia terceros (asesinatos) y la auto infringida (suicidio). El caso de la Masacre de Patagones fue solo la punta del iceberg, me pude contactar con Natalia Di Lalla, integrante del equipo de comunicación de la ONG llamada Proyecto El Camino, una entidad sin fines de lucro que viene trabajando en Fiambalá luego de la ola de suicidios adolescentes que se produjo en el año 2013/2014 en la Provincia de Catamarca. Una Asociación Civil que trabaja con jóvenes en contextos de vulnerabilidad y atravesados por la problemática del suicidio. Soñando con que los y las jóvenes sean cada día protagonistas en sus comunidades generando espacios de formación en liderazgo, animación, espiritualidad y participación comunitaria. Buscando que abracen su realidad y se empoderen como agentes de cambio en la construcción de una sociedad más justa. Se puso de manifiesto que la Pcia. de Neuquén es la primera provincia de la Argentina en cuanto a suicidios adolescentes, una realidad que trasvasa cualquier entendimiento.

Roberto Arlt nos dice en El país del viento que en Patagones se puede escribir una novela de amor tan amoroso, que después de leerla, los amantes no escojan sino entre el suicidio o la felicidad. Patagones es noble, rústico y severo y, al mismo tiempo, dulce como un “menino”. En 1968, Phillip Jackson publicó La vida en las aulas, obra que aborda una multiplicidad de variables y matices que intervienen para dar sentido y significancia al hecho educacional. En esa obra la escuela deviene como aquella institución en donde cotidiana e implícitamente los sujetos, entendidos como mediadores de significados, aprehenden una serie de aprendizajes que les permiten habitar física y simbólicamente la “vida” escolar. Pero ¿qué ocurre cuando “la muerte” es la que llega a las aulas a través de diferentes episodios de violencia? Las categorías planteadas por Jackson, a la luz de su contracara, la muerte, en los nuevos escenarios educativos del siglo XXI, funcionarían en forma inversa. Más allá de las propias particularidades y diferencias, estos casos dejan al descubierto “algo” relacionado con lo social, con lo político, con lo cultural y con lo educativo que, desde el punto de vista de la investigación socio-educativa, necesita ser dicho y reflexionado con el fin de volver a re-ligar a la infancia y a la juventud, a un proceso continuo de afirmación de la “vida” en la escuela.

El 'bullying' El interés y la consecuente preocupación de la sociedad por lo que ocurre en las aulas han ido en aumento. Frecuentemente los medios masivos de comunicación informan sobre hostigamientos o acosos sufridos por niñas, niños o adolescentes por parte de sus pares en el ámbito escolar. La violencia en las escuelas es un problema complejo, que requiere de un proceso integral de concientización y abordaje por parte de autoridades políticas, escolares, padres y alumnos. Nos encontramos frente a un problema con gran repercusión en todos los ámbitos sociales, al que se ha llamado 'bullying'.

El Centro de Investigaciones del Desarrollo Psiconeurológico (CIDEP) define el 'bullying' como "una conducta de hostigamiento o persecución física o psicológica que realiza un alumno contra otro, a quien se elige como blanco de repetidos ataques". El término, introducido por el psicólogo noruego Dan Olweus, proviene del inglés, que podría traducirse como 'torear'. Se trata de un comportamiento agresivo que es intencional e implica un desequilibrio de poder, que suele reiterarse en el tiempo.

El día 11 de septiembre de 2013, la Cámara de Diputados aprobó la Ley para la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas, tendiente a elaborar los lineamientos para abordar la convivencia y la conflictividad social en las escuelas. El objetivo de la ley es brindar un abordaje integral a la problemática de la violencia en las escuelas, promocionando estrategias en tres niveles distintos. En primer lugar, fomentar la convivencia dentro de la escuela, haciendo especial hincapié en los vínculos solidarios y de mutuo respeto; en segundo lugar, busca fortalecer las prácticas institucionales y jurisdiccionales ante situaciones violentas que se presentan dentro del contexto escolar, brindado herramientas para la resolución de conflictos y; en tercer lugar, investigar y recopilar experiencias a los efectos de contar con datos cuantitativos y cualitativos. La norma fue recibida con beneplácito, ya que se trata de un marco legal que reconoce el hostigamiento o maltrato escolar e intenta ponerle un freno. Tiene por finalidad prevenir los conflictos y promover la creación de equipos especializados para la prevención y resolución del problema. La ley prevé la creación de grupos de docentes, padres y alumnos que tiendan a remediar este tipo de conflictos. La ley anti bullying persigue objetivos concretos, busca el trabajo interpersonal entre el cuerpo docente, el alumnado y sus padres a los efectos de prevenir el acoso y hostigamiento escolar y, una vez producido, identificarlo y trabajar por una solución que ponga fin a tales maltratos.

Lo cierto es que, de los comentarios y opiniones, mayormente circulados a través de los medios masivos de comunicación, se formó la idea de que Rafael S. era un joven trastornado, con problemas psiquiátricos, que estaba loco, enfermo, que no era normal. Muchos otros intentaron explicar lo ocurrido como un hecho derivado de las burlas que sufría "Junior", como una consecuencia de la dureza y severidad de su padre o también como el desencadenante por el rechazo de una chica que le gustaba. Importante es adelantar y destacar, que este tipo de episodios no tiene una explicación monocausal. Los diarios del mundo compararon la masacre de Carmen de Patagones con lo sucedido en Columbia, Estados Unidos, en abril del año 1999, oportunidad en la cual dos jóvenes ingresaron a su escuela y asesinaron a doce compañeros y a un profesor. Es una de las peores masacres ocurridas dentro del contexto escolar. La literatura extranjera denomina este tipo de fenómenos con el término 'School Shooting'. Si bien el problema no es local y sucede en casi todas las escuelas del mundo, en nuestro país las últimas estadísticas -no oficiales, vale aclarar- causan alarma: no sólo porque es el país de la región con mayor cantidad de casos, sino porque, además, las ONG’s que los abordan estiman que actualmente uno de cada cuatro chicos tiene miedo de ir a clase. Los medios de comunicación tienen un importante papel en la reducción del estigma a través de la sensibilización acerca de los síntomas y la prevalencia de la depresión, así como el mantenimiento de un diálogo abierto y útil en torno a las causas y el tratamiento de la enfermedad. Además de promover un cambio positivo al discutir abiertamente sobre la depresión, los medios de comunicación pueden ayudar a minimizar los posibles efectos negativos evitando el tratamiento irresponsable de la información acerca del suicidio.

En las Américas, se producen poco más de 81.000 muertes por suicidio cada año. Los principales métodos utilizados fueron la asfixia (44%), las armas de fuego (31%), la intoxicación por alcohol y drogas (9%) y el envenenamiento por pesticidas o químicos (7%). Desde que en 2000 la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó Prevención del suicidio. Un instrumento para los profesionales de los medios de comunicación - actualizada en 2017-, muchos periodistas y trabajadores de la prensa han modificado su modo de reportar sobre el tema. La OPS ha venido realizando capacitaciones virtuales y presenciales sobre el tema. En 2017, más de 130 periodistas, comunicadores y profesionales de la salud mental de 30 países de la Región participaron en un taller online. Ministerios de Salud de la Región, junto con las oficinas de país de la OPS, también organizaron encuentros para promover una cobertura responsable en sus países. Argentina, Trinidad y Tobago, y Uruguay son algunos de ellos.

Vientos de tizas rojas, el suicidio adolescente en Argentina
Comentarios