sábado 19/6/21

El verdadero debate de la Farmacia Comunitaria: más allá de los tests COVID19

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Firmantes: Jaime Manzano, Adrián Alonso

Ilustración original de Jorge Borondo

A raíz de la PNL presentada en la Asamblea de Madrid por los partidos del pacto de gobierno, VOX, Ciudadanos y Partido Popul  ar, que pide autorizar a las oficinas de farmacia comunitaria para la realización de test de antígenos para el COVID-19, se ha abierto una vez más el debate sobre el encaje y la función de las oficinas de farmacia comunitaria dentro del sistema sanitario madrileño.

Quizás arrastrado por el contexto político madrileño, donde la privatización, la corrupción y la mala gestión de los recursos públicos han sido una constante de las últimas décadas, el debate sobre la oficina de farmacia comunitaria no ha salido del eje “titularidad privada/pública”, impidiendo un verdadero debate sobre la capacidad y calidad del modelo asistencial de la farmacia comunitaria, y de su potencial para mejorar la salud comunitaria en los barrios y municipios de la Comunidad de Madrid.

Funcionando bajo un sistema de retribución que incentiva fundamentalmente la dispensación de medicamentos y la venta de parafarmacia, las oficinas de farmacia han sido señaladas como lugares inapropiados para desempeñar un trabajo más asistencial durante la COVID-19. Esto ha abierto un debate que ya es recurrente: ¿es la titularidad privada de la oficina de farmacia un impedimento para mejorar la salud comunitaria más allá de la dispensación de medicamentos? Para responder a estas preguntas, hay que mirar más allá de la curva epidemiológica, la segunda ola y los test de antígenos, así como de las reclamaciones de sindicatos y colegios de distintas profesiones sanitarias.

A vueltas con la titularidad privada de interés público: ¿salubrismo desde las farmacias comunitarias?

Si bien es cierto que existen algunos ejemplos en Europa donde las farmacias de propiedad privada conviven con las gestionadas por entidades y trabajadores públicos (el caso en algunos países de la antigua Yugoslavia, de ciertas farmacias en zonas rurales de Italia y en Suecia), los modelos de gestión más comunes en Europa son la propiedad privada y las concesiones públicas no transferibles entre farmacéuticos/as (Luxemburgo, Finlandia, Dinamarca y Eslovenia), donde la farmacia pertenece a un farmacéutico/a pero cuya licencia vuelve a la administración una vez pasa un periodo de tiempo o por fallecimiento del farmacéutico/a.

Elaboración propia - Fuentes: [1] [2] [3] [4][5] Nota: Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo y Eslovenia aparecen como propiedad farmacéutica privada, pero distinguen del resto en que la licencia pertenece en última instancia a la administración pública, y no tiene carácter transferible

No parece haber una relación estrecha entre la propiedad y/o gestión pública o privada y la capacidad de las oficinas de farmacia comunitaria para realizar actividades asistenciales que vayan más allá de la dispensación y custodia de medicamentos. Existen numerosos casos de programas de salud pública realizados desde las oficinas de farmacia comunitaria tanto dentro como fuera de España, independientemente de la propiedad o titularidad de la misma.

Por poner algunos ejemplos relacionados con las enfermedades infecciosas, las oficinas de farmacia participan en campañas de vacunación en los países nórdicos, Países Bajos, Irlanda, Portugal o Francia. Así mismo, en Portugal, así como en numerosas Comunidades Autónomas españolas, se desarrollan estrategias para acercar los servicios de detección y tratamiento del VIH a la comunidad, con programas de detección de VIH y dispensación de antirretrovirales en las farmacias (en el caso de Portugal). No resulta complicado ver el potencial de esta iniciativa compaginada con otras de “reducción del daño” en usuarios de drogas intravenosas, como las que se realizan en algunas regiones de España, de recambio de jeringuillas y sustitución de opioides.

Esta cercanía y accesibilidad entre la comunidad y la oficina de farmacia supone uno de sus grandes potenciales. Algunos países han decidido aprovechar este vínculo, potenciando la coordinación entre atención primaria y oficinas de farmacia, con reuniones periódicas entre equipos de atención primaria y farmacias comunitarias, para abordar problemas de salud concretos de la comunidad, como puede ser el seguimiento de pacientes polimedicados/as y crónicos/as.

Otro área en el que la accesibilidad y posibilidad de seguimiento cercano y longitudinal de las farmacias en la comunidad es el de la Salud Sexual y Reproductiva, así como en la detección de casos de violencias machistas. Este es el caso de las farmacias del programa Umbrella en Birmingham, donde un grupo de farmacias participan de manera coordinada con atención primaria y especializada, en el reparto de preservativos, como puntos de recogida de muestras para el diagnóstico de enfermedades de transmisión sexual y reciben formación para detectar casos de violencia machista.

Haz click en cada icono para explorar algunos ejemplos de programas desarrollados en oficinas de farmacia europeas​​

 

Elaboración propia. Fuentes: [6][7] [8]

El conocimiento de la comunidad, la accesibilidad y vínculo entre los servicios asistenciales y la comunidad, la capacidad de seguimiento cercano y longitudinal de las personas de esas zonas son características básicas de la atención primaria en salud [9]. Así mismo, estas son características básicas del modelo de farmacia comunitaria del que disponemos en España y Europa, lo que se ha traducido en una multitud de programas y servicios de salud pública y comunitaria, independientemente de que la titularidad del servicio fuera pública o privada.

De la ley al hecho, hay un trecho. El problema de la salud pública en oficinas de farmacia comunitaria madrileñas

Si bien es cierto que los sucesivos gobiernos de la Comunidad de Madrid han mantenido buenas relaciones con las organizaciones patronales y profesionales de farmacéuticos y

ha sido un socio del gobierno (VOX) el encargado de proponer la PNL de test en farmacias, la Comunidad de Madrid parece no ver el potencial de la salud comunitaria para la mejora de la salud de los madrileños.

A la apabullante evidencia sobre la falta de  recursos económicos y materiales en la sanidad pública madrileña y en especial al abandono de los servicios de atención primaria, salud pública y medicina preventiva y epidemiología, hay que sumarle una falta total de iniciativa a la hora de desarrollar la Ley 16/1997 de Regulación de Servicios de las Oficinas de Farmacia, para utilizar el potencial de las oficinas de farmacia comunitaria en la mejora de la calidad asistencial del sistema público madrileño.

Esta ley incorpora en su primer artículo las funciones de las Oficinas de Farmacia, entre las que podemos encontrar “la colaboración en los programas que promuevan las Administraciones sanitarias sobre garantía de calidad de la asistencia farmacéutica y de la atención sanitaria en general, promoción y protección de la salud, prevención de la enfermedad y educación sanitaria”, “la colaboración con la Administración sanitaria en la formación e información dirigidas al resto de profesionales sanitarios y usuarios sobre el uso racional de los medicamentos y productos sanitarios” o “la actuación coordinada con las estructuras asistenciales de los Servicios de Salud de las Comunidades Autónomas”.

La colaboración entre los colectivos de farmacia y las administraciones públicas es común en toda España. Por poner algunos ejemplos, en Euskadi, Cataluña, Cantabria, Baleares, Asturias, Castilla y León [10] [11] [12] se han diseñado pilotos de programas de detección o programas estables de VIH impulsados desde los gobiernos autonómicos. La rapidez del resultado y la accesibilidad, junto al anonimato, la seguridad y confianza que le aporta la farmacia, son los aspectos más valorados por los/las pacientes. Cataluña, además, realiza servicios de cribado de cáncer de colon y recto [13] y son pioneros en un proyecto piloto de cribado para detectar la enfermedad de Chagas [14].

Además, varios gobiernos regionales implementaron recientemente el programa Mascarilla-19 para que las víctimas de violencias machistas pudieran denunciar en las farmacias y el Colegio de Farmacéuticos de Valencia ha desarrollado protocolos de detección y alerta de violencias machistas en el marco del Pacto Valenciano contra la Violencia de Género y Machista, promovido por la Generalitat Valenciana.

En un estudio de 2013 del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, analizó los proyectos que llevaban a cabo los Colegios de Farmacéuticos y su alineación con los objetivos estratégicos del Plan de Futuro de la Farmacia Comunitaria, estableciendo que la Comunidad de Madrid se encontraba en el grupo más bajo en número de proyectos en líneas de acción prioritarias, con menos del 35% de los proyectos en esta dirección. De los datos también se puede extraer que de los 829 proyectos cuantificados en el estudio, en Comunidad de Madrid solo se estaban llevando a cabo 22, un 2,6% del total. Si ponemos este número en contexto y lo referimos a la población, en la Comunidad de Madrid se llevaban a cabo 3,3 proyectos por millón de habitantes, el número más bajo de toda la geografía española [15].

Converger, en vez de rodear

Esta tendencia de la Comunidad de Madrid quizás no haya que entenderla únicamente como una falta de interés, apoyo institucional y propuestas políticas que promuevan la inclusión de las oficinas de farmacia en el campo de actuación de las políticas de salud pública y salud comunitaria, sino que tal vez haya que entenderla en el marco más amplio de desestructuración y desmantelamiento de los servicios de atención primaria y salud pública y comunitaria de la Comunidad. Solo así puede entenderse que la gran medida de incorporación de la oficina de farmacia comunitaria al circuito asistencial (la realización de tests de antígenos para el COVID) no vaya incluida de un refuerzo de los servicios de Epidemiología y Salud Pública, o de Atención Primaria.

Concebir las oficinas de farmacia comunitaria como un eslabón inconexo del sistema de salud, sin tener en cuenta la dependencia de esta intervención de la tensión y escasez crónica de recursos de unos servicios de Epidemiología -responsables de gestionar los datos que se generen-, así como de la saturación de los centros de salud -que atenderán a pacientes derivados con test positivo-, es un signo más del paradigma asistencialista, hospitalocéntrico e hipermedicalizado que identifica al gobierno de la Comunidad de Madrid.

Querer que las farmacias participen en la estrategia de cribado en la actual pandemia, debe realizarse con la adecuada integración en los sistemas de información, formación y coordinación con el SNS, evitando soluciones cortoplacistas que puedan desencadenar resultados indeseados, así como percepciones e interpretaciones equivocadas.

Poner el debate sobre el modelo de farmacia comunitaria al servicio de la Salud Pública pasa por explorar la raíz de la cuestión, apoyándose en la evidencia disponible, para así ser capaces de  considerar de un modo más transversal cuáles son las instituciones y prácticas que pueden llegar a favorecer una convergencia hacia la mejora de lo común. Como bien apuntan Laval y Dardot, “[...] la base de tal convergencia posible de las esferas privadas, públicas y asociativas reside precisamente en el hecho de que el sentido de estas actividades no está en ninguna otra parte sino en la contribución a lo común, en la constatación de que son sólo partes de la acción común que constituye la sociedad”


Referencias

[1] 2009 FIP Global Pharmacy Workforce Report;

[2]Lakić, D. et al. “Pharmacy network and access to medicines in selected eastern European countries: comparative analysis.” Croatian medical journal vol. 53,1 (2012): 53-9

[3] Informe: “Los modelos de Farmacia en la Unión Europea” Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéutico, 2007

[4]González, I., Parra, MI., “Modelos de farmacia en la Unión Europea. Análisis comparativo”, Farmacia Profesional, vol.22, 8 (2008): 10-15

[5]The legal and regulatory framework for community pharmacies in the WHO European Region. Copenhagen: WHO Regional Office for Europe; 2019.

[6] Stämpfli, D., la Torre, A.MD., Du Pasquier, S. et al. Community pharmacist-administered seasonal influenza vaccination: a national customer survey. J of Pharm Policy and Pract 13, 57 (2020);

[7] Farmacia comunitaria en Holanda: basada en el servicio, El Farmacéutico.es (2017);

[8] PHARMACY 2030: A Vision for Community Pharmacy in Europe; Pharmaceutical Group of the European Union

[9] Javier Padilla y Pedro Gullón, Epidemiocracia, Nadie está a salvo si no estamos todos a salvo, 2020

[10]https://www.euskadi.eus/gobierno-vasco/-/noticia/2019/10-anos-del-programa-test-rapidos-vih-en-farmacias-vascas/

[11]http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0213-91112013000200012

[12] https://www.diariofarma.com/2016/01/22/242-farmacias-en-espana-ofrecen-el-servicio-de-deteccion-del-vih

[13] https://www.cofb.org/es/que-ofrecemos/ciudadanos/servicios-poblacion

[14 ]https://www.lavanguardia.com/vida/20200123/473089433064/impulsan-un-proyecto-piloto-de-cribado-para-detectar-la-enfermedad-de-chagas.html

[15] https://www.portalfarma.com/Profesionales/organizacionfcolegial/profesionfarma/planfuturofarmaciacomunitaria/Documents/Proyectos_COF_Plan_Futuro_Farmacia.pdf

[16] Christian Laval y Pierre Dardot, Común. Ensayo sobre la revolución en el siglo XXI,. Barcelona, Gedisa, 2015

El verdadero debate de la Farmacia Comunitaria: más allá de los tests COVID19
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