Cabrera: el último paraíso del Mediterráneo

Convertido en Parque Nacional Marítimo Terrestre hace más de veinte años, el archipiélago de Cabrera ofrece algunos de los rincones naturales más espectaculares que se pueden disfrutar en las Islas Baleares.

Las paradojas del destino salvaron de las garras del progreso a este archipiélago situado al sureste de la isla de Mallorca. Te recomendamos que comiences la visita al espectacular universo natural que rodea al archipiélago en la Colonia Sant Jordi, a 53 km de Palma, donde se encuentra el Centro de Visitantes "Ses Salines" del Parque Nacional de Cabrera.Vista desde balcón de la fortaleza
 
Llegar hasta el centro es fácil: a la entrada del pueblo sigue las indicaciones que conducen hacia el puerto y la playa des Port. A un centenar de metros del muelle divisarás el moderno complejo, inaugurado en julio de 2008. El acceso al mismo es gratuito aunque en las épocas de mayor afluencia de público, como los meses de verano, se organizan turnos de entrada. Cuenta con un interesante aquarium subterráneo y, además, en él se hace un detallado repaso a las especies de flora y fauna características de un archipiélago que cuenta con dos islas principales, Cabrera y Conejera, y un conjunto de quince islotes que, en total, suman apenas 13 km2 de superficie sobre las aguas turquesas del Mediterráneo. Sin duda, de la fauna terrestre, sorprenden las diez subespecies diferentes de lagartija balear que se distribuyen entre los diferentes islotes. Una fauna esquiva que acompañará tus pasos por la isla de Cabrera, la única que se puede recorrer a pie del Parque Nacional.
 
Excursiones al archipiélago de Cabrera. Sólo tendrás una forma de llegar hasta el Parque Nacional y es embarcándote con algunas de las empresas que realizan la travesía diaria hasta el puerto de Cabrera desde Colonia Sant Jordi. Una de ellas es MarCabrera (Tel. 622 574 806). Utilizan unas embarcaciones rápidas que en apenas 20 minutos de fulgurante navegación llegan hasta Cabrera. Organizan varias salidas a lo largo del día con dos opciones: la que desembarca en su pequeño muelle y te posibilita recorrer la isla durante cuatro horas y media y, también, otra que recorre el perímetro marino del Parque Nacional (el consejo si vas a realizar esta última es que preguntes en la caseta de información por la que te permitirá disfrutar de la puesta de sol). Sendero hacia el Faro de N’EnsiolaNormalmente al regreso se hace un alto en sa Cova Blava, una gruta submarina en la que darse un chapuzón. Otro consejo: lleva contigo unas gafas de bucear para disfrutar del bello espectáculo del fondo marino dentro de la gruta.
 
Itinerarios. Al desembarcar en la ensenada natural del puerto de Cabrera te recibirá el personal de la empresa Tragsa, encargada de velar por los visitantes al Parque Nacional. Ellos informan sobre las características del espacio natural, la situación del museo y las opciones senderistas permitidas. Sólo hay un punto de avituallamiento en toda la isla, la cantina del puerto. Aprovecha para comprar el agua que necesites para tu caminata. La primera ruta, la más sencilla, asciende hasta el castillo, del siglo XIV. Tómate con calma la empinada subida y pronto disfrutarás de unas panorámicas únicas sobre la ensenada. Te resultará difícil no imaginar las idas y venidas de los piratas, Barbarroja a la cabeza, por estas aguas.
 
El itinerario terrestre más interesante es, sin duda, el que conduce hasta el faro de N’Ensiola, en el extremo suroccidental de Cabrera. El camino a seguir no admite confusión: desde el puerto toma la pista de tierra que conduce, bordeando la ensenada, hacia las Cases de Pagès y la playa de S’Espalmador. Antes de la playa, a tu izquierda, nace el sendero que lleva hasta la necrópolis, el monumento a los prisioneros franceses (que fueron confinados y abandonados a su suerte en la isla tras la batalla de Bailén, en el año 1.808) y al Museo Etnográfico Es Celler
 
Panorámica del Faro de N’Ensiola
 
Continúa bordeando la playa de S’Espalmador: dejarás a tu derecha, casi sobre la orilla, los restos de unas viviendas construidas por los prisioneros, y pronto enfilarás por una pista asfaltada que sube en zig-zag hacia el pequeño collado desde el que se disfruta de las primeras panorámicas del faro de N’Ensiola. El recorrido no tiene ninguna dificultad pero ida y vuelta te llevará unas tres horas de caminata.
 

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