viernes 14/5/21

Vargas Llosa y el asalto al Capitolio

Creo que queda fuera de duda que Mario Vargas Llosa es un gran escritor, un estimable intelectual y un buen articulista, que son cosas distintas que pueden darse unidas o no. Quizá como escritor querría ser el García Márquez peruano pero me temo que no llega a tanto. Pero si me refiero a él es porque ha escrito un artículo significativo en el diario El País este 17 de enero, en un país donde se acumulan la crisis que comenzó en el 2008 y que aún tiene sus consecuencias, el covid y una nevada cuantiosa que ni el alcalde actual de Madrid ni la presidenta de la Comunidad han sabido abordar y tienen dificultades para inculpar a los demás, especialmente al Gobierno, de sus efectos a pesar de sus aliados mediáticos como son el ABC, El Mundo y La Razón. Pero volviendo al escritor, parece que este ilustre peruano -ya con nacionalidad española- le ha sorprendido “el asalto al capitolio”, que es como titula su artículo. Y el artículo es significativo, no para ilustrar ni acrecentar su biografía ni su currículum que no le hace falta, sino porque ha puesto en un brete a liberales o, simplemente, a demócratas, que siempre han presentado como adalid y bandera de la democracia al país de las barras y las estrellas. No es negable que sea una democracia consolidada, pero es más que discutible que sea ejemplar o que sea la mejor del mundo en casi todos los sentidos, y si lo fuera lo sería a costa de las fechorías –vamos a ser suaves- que ha cometido en América Latina y en otras partes del mundo. Por ejemplo, es acreedora del mayor acto terrorista de la Historia lanzando dos bombas atómicas en agosto de 1945 a dos poblaciones niponas civiles -valga la redundancia- sin previo aviso o, por ejemplo, la actuación criminal -por no decir genocida- en Irak para castigar a alguien como réplica a la destrucción de las torres gemelas en pleno Manhattan en el 2001. Son algunos ejemplos significativos y que solo constata que la ejemplaridad tiene que ser para sus adentros, pero también para sus afueras, cosa que no lo ha sido; lo mismo que no lo han sido la inglesa con su brutal y criminal colonialismo en el siglo XIX aunque estuviera bien acompañada países por otros colonialismos como el belga -con el Congo-, el francés en Argelia, el portugués o el holandés. No, señor Llosa, la democracia liberal yanqui no es ejemplar, pero sí es fuerte y ha resistido un intento fascista de acabar con ella. Y aquí se ve la debilidad argumental y de concepción histórica del excelente escritor, porque el fascismo se caracteriza por dos cosas básicamente: por querer acabar con la democracia y las libertades democráticas y por querer hacerlo por métodos violentos, que no respetan la vida. Un fascista es aquel que quiere acabar físicamente –si puede- con el que no piensa como él, a diferencia de los adversarios demócratas, que discrepan hasta la saciedad del otro, pero le respetan como persona: las ideas pueden ser bazofia pero las personas son sagradas. Esto no va con los fascistas. En el asalto al Capitolio han habido 5 muertos, en el asalto de Franco y demás secuaces militares a la II República, cientos de miles, y los asaltos de Hitler y Stalin [1] fueron millones, tanto compatriotas como de otras nacionalidades.


La distopía de Trump y sus cómplices acaba en esperpento delictivo


Lo del Capitolio es un intento de golpe de Estado porque eso no depende del instrumento sino del fin: acabar con la legalidad de cada momento, y es secundario que se haga con tanques o de cualquier otra manera. Además hay dos cosas que agravan lo hecho en este caso allende los mares: que el principal promotor del golpe era el presidente en ejercicio y que se ha hecho con una mentira indisimulada, aduciendo que había habido fraude electoral sin aportar ni una sola prueba de ello. Y aquí tenemos que recordar a Goebbels y sus mentiras repetidas mil veces y recordar también cómo en nuestro país el Sr. Casado, presidente del PP, repetía también hasta la saciedad que el presidente de Gobierno en ejercicio era un presidente ilegítimo, a pesar de ser fruto de una elección parlamentaria fruto a su vez de la legalidad, con una moción de censura legal primero y más tarde fruto de unas elecciones generales. Y para más insidia y vergüenza del Sr. Casado y del PP –que lo ha elegido en el cargo- a pesar de que el presidente fuera refrendado por el Jefe del Estado y propuesto previamente en el segundo acto -el de las elecciones- como candidato a la investidura y ratificado por el monarca, todo ello de acuerdo con la Constitución. Y por ello el Sr. Casado y el PP adoptaban posturas golpistas, por dudar de la legalidad con la mentira por montera y el insulto como pica. Al Sr. Llosa le preocupa con razón el uso de la mentira en USA pero no parece que le haya preocupado el mismo uso por parte del PP aquí, en el país que le ha acogido.

Lo que se viene abajo con las fechorías de Trump, sus secuaces y sus millones de votantes, es el neoliberalismo político, una vez que la crisis que comenzó en el 2008 y el covid después hayan enterrado su correlato económico

Estoy de acuerdo en que la pos-verdad es el pre-fascismo, pero en todas partes, no solo en la democracia favorita del Sr. Llosa. Por eso también el propio escritor debiera meditar si también miente o valora inadecuadamente el papel de USA en la II Guerra Mundial cuando dice que “salvó al mundo entero de caer en brazos de Hitler y luego de Stalin”, cuando la batalla decisiva, la que cambia el curso de la II Guerra Mundial, es la de Stalingrado, que se da entre el segundo semestre de 1942 y los dos primeros meses de 1943; en cambio, el desembarco en Normandía lo fue en el verano de 1944 cuando la suerte del III Reich estaba echada. USA ayudó a cortar el sufrimiento, pero esperó mucho tiempo y solo cuando los alemanes cometieron el inmenso error de hundir barcos no de guerra americanos fue cuando el presidente Roosevelt se decidió y convenció a las Cámaras de su país para entrar en guerra. Y también fue un impulso decisivo el ataque japonés en Pearl Harbour ¡en diciembre de 1941! Para el presidente yanqui su preocupación principal era dominar los mares asiáticos en la posguerra y bastante menos la suerte de los europeos. Por ejemplo, nada hizo la democracia yanqui acabada la guerra por acabar a su vez con las dictaduras española y portuguesas y sí mostraron interés con los hechos por acabar con los gobiernos democráticos de Francia, Italia y Grecia mientras tuvieran influencias y ministros comunistas: un baldón más de “la ejemplar” democracia americana que tanto elogia el Sr. Llosa.

El Sr. Llosa obvia todo eso a pesar de que lo conoce de sobra. Y por eso acaba, en su desesperación intelectual y analítica, con una salida de pata de banco. Nos dice que “que haya voto libre no significa que los ciudadanos siempre voten bien”, que es un argumento que, precisamente, pueden emplear los golpistas para sus fechorías. Con ello todo el artículo se viene abajo y el intelectual queda desnudo como el cuento del príncipe. La cuestión estriba en que las democracias consolidadas lo serán independientmente del voto de los ciudadanos. La razón de ello es que las democracias deben dotarse de mecanismos e instituciones los suficientemente fuertes y asentadas con leyes adecuadas de tal forma que ni siquiera los votos fascistas –aunque sean mayoritarios- puedan cuestionarla. Dicho de otra forma, que no se pueda llegar a la dictadura mediante votación democrática, ni siquiera en este caso. Y lo que intuye el Sr. Llosa es que el mero liberalismo, el dejar hacer cada uno lo que quiera sin tener en cuenta -al menos legislativamente- el bien común es ya un peligro para la democracia. Mentir a sabiendas y asaltar la sede de la soberanía nacional intentando cambiar mediante la fuerza decisiones democráticas son actos fascistas y ambos no tienen defensa: el segundo parece claro, pero tampoco el primero –la mentira sistemática a sabiendas- porque prepara al segundo. En España hay hartura de las mentiras de las redes, en algunos personajes políticos, pero también en los periódicos que debieran defender al menos la libertad y la democracia como son los tres de ámbito nacional: el ABC, El Mundo y La Razón, que mienten a sabiendas, a veces por acción, a veces por omisión –en esto el monárquico es un maestro-, con titulares que a veces desmienten en su propio texto, mezclando opinión con información, etc.


Genealogía del asalto al Capitolio


Y lo que se viene abajo con las fechorías de Trump, sus secuaces y sus millones de votantes, es el neoliberalismo político, una vez que la crisis que comenzó en el 2008 y el covid después hayan enterrado su correlato económico. De ahí lo significativo del artículo del Sr. Llosa, el acabamiento de una ideología –el liberalismo sin más- que el fascismo latente y a veces presente está cabando su fosa. La principal y primera víctima del “trumpismo” global no será la democracia sino el laissez faire; al final no serán los comunistas ni los socialistas ni los nacionalistas los que vayan a acabar con él liberalismo basado en el privilegio de la herencia y en la desigualdad de apariencia inevitable, sino serán la mentira sistemática y el falso relato los que tejan la mortaja liberal. Y en España la Sra. Arrimadas y los suyos propiciando gobiernos autonómicos del PP gracias a los fascistas de Abascal y secuaces.


[1] Matizar que lo de Stalin no fue un asalto a la democracia porque no existía propiamente, lo cual no hace su papel menos repugnante.

Vargas Llosa y el asalto al Capitolio