jueves 15/4/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

Biden apuesta por más campos de concentración para niños migrantes

inmigrantes enjaulados

A poco más de un mes de que se difundieran las imágenes de los primeros niños migrantes enjaulados por la flamante administración Biden, el Pentágono aprobó el uso de la base de Camp Roberts -en el Estado de California- para detener a más de 18 mil niños emigrados de Centroamérica.

El puesto de la Guardia Nacional de  Camp Roberts está ubicado en el centro de la soleada California, a ambos lados del río Salinas, en el Condado de Monterrey, aquel plácido refugio que en 1967 fuera escenario de uno de los más célebres festivales de rock de aquella Norteamérica -siempre tan bélica- que por esos días parecía, mediante la cultura pop, hacer un esfuerzo por salir del letargo.

Camp Roberts es el nuevo campo de concentración de menores llegados desde lo que la Norteamérica de siempre consideró su “patio de atrás”

Camp Roberts es el nuevo campo de concentración de menores llegados desde lo que la Norteamérica de siempre consideró su “patio de atrás”, sitio en donde la pulcra Estados Unidos guarda sus miserias: Apoyo a golpes de Estado para imponer el modelo económico que mejor se ajuste a sus necesidades, préstamos usureros a través de entidades crediticias que no son otra cosa que terroristas financieros, expolio de recursos naturales, lawfare o noticias falsas con el fin de debilitar a los gobiernos de corte progresista de Latinoamérica, y un largo y perverso etcétera que se puede resumir revisando la historia reciente de las relaciones entre los sucesivos gobiernos de Estados Unidos con los del resto del continente. Revisión que conduce a comprender el por qué del éxodo constante de ciudadanos centro y sudamericanos hacia el país que desea que la “mano barata” permanezca lejos de sus fronteras (porque frontera adentro ya hay suficiente y alcanza para cubrir esos quehaceres laborales que un estadounidense no haría ni aunque se lo dictasen por escrito y bajo amenaza de ser deportado a México).

El 22 de marzo el congresista Henry Cuéllar filtró una docena de fotografías que muestran a más de cien menores hacinados en los campos de concentración de Texas; una realidad que reflejó la continuidad de las políticas de inmigración de la administración Trump, en la recientemente iniciada Era Biden. El líder demócrata, durante su campaña electoral, aseguró que se diferenciaría de Trump en cuanto a lo referido a inmigración, tema que se transformó en uno de los pilares de sus discursos. En las imágenes del centro de detención de menores migrantes de Texas se observa una enorme aglomeración de niños y adolescentes durmiendo en el suelo y sin distanciamiento. Muchos de ellos denunciaron que no se les da de comer ni tienen acceso a los baños. Ni siquiera tienen la posibilidad de ver la luz solar. Así pasan días enteros los recién llegados. Así malviven decenas de estos niños de entre tres y 16 años en esto que, errándole al  eufemismo, los voceros de la América de las oportunidades llaman “albergue”.   

Durante la Era Trump las infrahumanas condiciones en las que se encontraban los niños migrantes fue objeto de duras críticas por parte de Biden y representantes de su partido. Sin embargo, lejos de hacer realidad su promesa electoral, el demócrata parece imitar a la perfección a su antecesor. La empatía suele ser un buen recurso que aceita las falsas promesas de la política. Y combina a la perfección con el disfraz de derechos pero humanos que suelen exhibir los líderes del todopoderoso Estados Unidos.

La conversión de la base de Camp Roberts en un nuevo campo de concentración es la demostración más cabal de que no existen diferencias entre demócratas y republicanos en cuanto a inmigración respecta. Solo existe una pose, no una postura firme y decidida. La misma pose, acompañada por el mismo lenguaje verbal y gestual con los que Barack Obama repitió hasta el paroxismo que cerraría Guantánamo. Así de fácil. Así de simple.

Biden apuesta por más campos de concentración para niños migrantes