lunes 12/4/21
MANIFESTACIÓN CONTRA EL TERRORISMO

París no era una fiesta

Por Carlos Sotos | No, París no era una fiesta. Pero su movilización el 11 de enero para toda la humanidad sí lo fue.

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En silencio, durante horas, a veces agobiantes, una masa enorme de seres humanos avanzaron desde Republique hasta Nation por tres caminos. Los mismos caminos que reza la esencia de la República Francesa. Libertad, Igualdad, Fraternidad. Los mismos que representan la República universal. Sin apenas banderas (no como le hubiese gustado a Marine Le Pen). Sin más protagonismo que el propio pueblo del que todos reclaman su representación. Sin gritos. En medio de un clamor de voces apagadas solo rotas por tímidos aplausos que crecían y decrecían apenas seguidos por la masa enorme. ¡On avance¡ ¡On avance¡ gritaban desde Republique suplicándole al sol. Un sol travieso tras unas nubes que amenazaron lluvia y donde hasta el clima respetó la jornada. Una petición imposible de cumplir. Una humanidad sin servicio de orden, sin gritos partidarios, sin fanfarrias ni consignas, marchó pacífica y ordenadamente durante largas horas por París. Y ese 11 de Enero al observar esa enorme humanidad -de toda edad; de todo sexo; de toda raza; de toda clase; de toda religión; de toda condición- avanzar lentamente reclamando solo ser libres defendiendo la República que los protege, te sientes privilegiado por estar presente y haber podido participar en la mayor demostración de fuerza social pacífica conocida hasta ahora en Europa. Solo las concentraciónes de Madrid contra la guerra y tras el 11-M se acercan en dimensión aunque son iguales en su significado. En las dos, la sociedad -la ciudadanía- sabía lo que se jugaba. En ambos casos el tema era, es, serio. París no era una fiesta. Madrid tampoco.

Estos son los hechos. El antes y el después. El ir y venir de los partidos. La "troupe" de dignatarios dignos o indignos que participaron en el grupo de ¿cabeza? Ni es lo significativo ni es lo relevante. Luego veremos. Otra gente sin duda a prueba de decencia como Melenchon, Siryza y le Front Gauche convocaron un evento, indignados ¡vaya! con la presencia de líderes o gobernantes de países de dudoso comportamiento democrático, como si a estas alturas alguien pudiese atribuirse la pureza de fe en estos extremos y poder repartir credenciales de idoneidad. El caso es que unos centenares o miles de ciudadanos participaron en un acto al uso con sus banderas y protagonistas con su color y su sabor, donde los dirigentes de esas formaciones perdieron una buena oportunidad de fundirse e incorporase a donde estaba el auténtico protagonista de la marcha republicana. Eso que genéricamente llaman pueblo y todos dicen representar. Sin duda que la izquierda a nivel universal tiene una capacidad de dividirse superior a las células humanas y que no desaprovecha la ocasión para meter la pata el día que no toca. Seguro que tendrán razones legítimas y sobre todo justificaciones desde perspectivas electorales muy diversas. Al margen de ello y adentrándonos en territorio hispano, es sorprendente la escasísima movilización que en España, tan castigada históricamente por el terrorismo, han tenido estos acontecimientos. Apenas una visita de líderes a la embajada francesa para cumplir el expediente y punto. Y las fuerzas democráticas y de izquierda a verlas venir.

De otra parte, no se dejó participar a Doña Marine Le Pen y a sus tropas, con sus demandas de pena muerte y su demagogia populista y xenófoba incluidas. En este caso no porque ella no quisiese. ¡Menudo protagonismo hubiese obtenido! Ya se hubiese encargado la señora de ser el palo de la bandera o la bandera misma. Y con ese colorido tan "chauvinista" tan ¿francés? Se hubiesen perdido las formas perfectas que la ciudadanía francesa alcanzó. En un país de formas como es el galo estas no podían perderse. Y a Doña Marine nadie la echó en falta excepto ella misma. Pero ojo a la demagogia infinita que está por llegar...

El otro frente de discordia - de antes y más de después- fue la presencia de los llamados líderes europeos e internacionales. no hay que contemplar la foto aérea del grupo para comprender hasta que punto es residual esta discusión que no pocos quieren poner ahora en el tablero. "Yo no fuí porque..." lo que conduce a magnificar un encuentro de Estado más en medio de una marea humana irrepetible. Su "foto de familia" ocupaba un espacio marginal y subordinado en relación al auténtico protagonista de la jornada. (Para comprobar eso no hay más que ver el tratamiento que ha tenido en los medios de comunicación mundiales). Por ello poner en cuestión las relaciones internacionales del estado francés endosándole al presidente de la República Hollande el papel de hacer y deshacer, bajo no se sabe qué criterio, la lista de invitados cual boda se tratase; excluyendo a unos u otros de las partes en conflicto aparece como una sinrazón. ¿Alguien dedicado o no a la política puede pensar que se puede excluir a Netanyahu como presidente de un Estado que representa a la comunidad judía de París afectada por los atentados? No es una cuestión de geopolítica mundial. Solo hay que darse una vuelta por Le Marais por el distrito XIX para ver la importancia en número de la población judía en París. Y no hay mas que pasear por Sant Denis o Aubervilliers y, si alguien tiene el coraje, de entrar en los Banlieu (el que quiera tiene una parada de taxis solo para acceder a ellos en Orly sudoest) para comprender el impacto del mundo musulmán, interracial e intercultural y entender la trascendencia del conflicto y el que sus representantes políticos o religiosos allí estuvieran.  Eso sin tener que viajar a Jerusalem ni a oriente medio, porque todo ese proceso se produce en territorio francés y no en la luna. De manera que discriminar a cualquiera de los representantes de ese microcosmos político y racial, sean demócratas o no, y que sus líderes sean "naturales o antinaturales" según qué criterios de los que reparten patentes de pureza de origen democrático, puede resultar un ejercicio de sectarismo o de miopía política, cuando no de xenofobia con ropaje progresista. Se haga desde la izquierda o  desde su porquero. 

Algunas personas y grupos de izquierda se duelen de la presencia de Rajoy como si no fuese el presidente de un estado democrático de la UE

También, en el ámbito español algunas personas y grupos de izquierda se duelen de la presencia de Mariano Rajoy como si no fuese el presidente de un estado democrático de la Unión Europea y como si necesitase una previa validación de coherencia política para representar al estado en una demostración de apoyo internacional contra el terror. Bueno, cada uno es libre de opinar. Es una obviedad (redescubierta cada día por no pocos) que la democracia no son solo elecciones cada cuatro años, pero es que pensar que la democracia es un permanente proceso de debate electoral o participativo es otro error infantil. Entre otras cosas porque la democracia es antes que nada y también una situación permanente de libertad. De un estado de derecho en el que sin miedo poder expresar; dibujar; hablar; publicar; difundir y defender lo que cada uno de los ciudadanos y todos ellos piensan sobre cualquier cosa pública y de interés general. Y el marco más genuino para asegurar eso es el de un estado laico dotado de una bien blindada constitución laica. Buen tema para los reformistas de la Constitucion del 78. Por cierto que el 2015 toca la campana electoral en España. A ver si no nos quedamos en tigres de papel y se cumplen las prometidas denuncias del Concordato. Veremos.

El profesor Slavoj Zizek en sus estupendas reflexiones editadas bajo el título "Pedir lo imposible" nos ilustra bastante el problema cuando dice  "cuando hay una situación desesperada es mucho más probable que surja algún dictador o alguna nueva figura autoritaria. Está bien asistir a una manifestación y luego sentarse en un café para hablar de todo eso. Ver como se desintegra el orden público no es nada agradable. Por eso creo que si quieres una revolución tienes que ser parte de la ley y el orden. No hay nada deshonroso en que la gente quiera una elemental seguridad. A mí me gusta sentirme seguro. Suceden cosas horribles cuando faltan esa ley y ese orden". Para afirmar después: "lo que me fascina por ello, es la idea de que nosotros, en la izquierda, deberíamos asumir esta ideología. Nosotros somos la verdadera ley y orden. Nosotros somos la verdadera moralidad". Me gusta mucho la idea de una izquierda que adoptara esa posición. Y mi posición es que tenemos que comprometernos en cualquiera sitio que podamos y hacer lo que sea posible. Y todo esto es lo que creo que olvidamos en la actual izquierda". 

Pues el 11 de Enero en París la marcha republicana plasmó sin duda ese concepto de ley y orden moral como base de su seguridad democrática. Mientras que Rajoy, acompañado de su fiel ministro del Interior Jorge Fernandez (un opusdeista tan laico y poco fundamentalista ¡que ha concedido una medalla a la Virgen María!), irrumpía oportunistamente en la reunión previa de jefes de estado, con una propuesta de restricción de derechos para justificar su ausencia total de política migratoria más allá de la represión. (Hay que tener caradura para colocarse el "Je suis Charlie" en la solapa y presentar una propuesta de la que Chalie Hebdo y sus asesinados abominarían, pero sabemos que nuestro futuro, esperemos, expresidente de eso no carece). Leo hoy que ya ha comenzado la avalancha de "medidas" para asegurar nuestra libertad por los que menos creen en ella. Por esto es esencial  magnificar que la ciudadanía universal, silenciosa y masiva de París ni renuncia a sus libertades ni a ninguno de sus derechos y que la ley y el orden somos nosotros y no los que a veces tan indignamente nos gobiernan. Esa mayoría silenciosa y viva que no ha necesitado a Le Pen para que represente su indignación; ni necesita de nuevos o viejos personajes autoritarios para gestionar su crisis; y que tampoco necesita una vieja política de izquierda alejada de la sociedad real, difícilmente comprende de mistificaciones y nominalismo político cuando la gravedad de la situación exige unidad y responsabilidad. No, París no era una fiesta. Pero su movilización el 11-E para toda la humanidad sí lo fue. Porque una vez mas... Siempre nos quedará París.

París no era una fiesta