lunes 14/6/21
XII LEGISLATURA

Antes de que el telón se alce

El Gobierno tiene que impedir la celebración del referéndum anunciado para el próximo 1 de Octubre (1-O), pero no puede hacerlo- al contrario de lo que tantos creen o desean- por encima de todo. 

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“Sin embargo la verdadera calma invadió a la pequeña muchedumbre cuando, de pronto, cayó en la cuenta de la inutilidad de dar una sentencia antes de tres o cuatro años….De manera que el pueblo dispuso de esos tres o cuatro años para seguir debatiendo acerca del hallazgo, plácidamente, sin apremios, tomándole gusto no sólo al tema sino a la situación, a la tertulia que se formaba cada día al término de las tareas o en las ya medio olvidadas fiestas de plenilunio”.

RAMIRO PINILLA. Historia de Etxe  y la Gran Cosa en “Verdes valles, colinas rojas”.


El Gobierno tiene que impedir la celebración del referéndum anunciado para el próximo 1 de Octubre (1-O), pero no puede hacerlo- al contrario de lo que tantos creen o desean- por encima de todo. Y tiene que hacerlo no porque sea ‘el guardián de la legalidad’ , que se la trae al pairo cuando lo necesita, como ha demostrado sobradamente su partido durante varios decenios, chapoteando en todas las modalidades posibles de corrupción, todas ellas tipificadas como delito, es decir en contra de ley. La ley para este Gobierno es solo un escudo que funciona a la perfección en su papel legitimador ante “el exterior” ( y también hacia el interior).

Tiene que impedir la celebración porque ‘se la juega’: a corto y a largo plazo. Se la juega porque hace ya mucho tiempo que concibió esta partida como una ‘cruzada’ en la que ya solo queda ganar el órdago final, por 10 a 0 en palabras de Soraya Sáenz Santamaría.

Sin embargo en  ese objetivo de impedir el referéndum el Gobierno ha de medir mucho sus pasos pues sabe que desde fuera se le escruta.

Por ello es preferible actuar- como viene haciéndolo- ‘externalizando’ su gestión, ‘subcontratándola’, haciendo que funcionen en su lugar la ‘brigada Aranzadi’ (sentencias, leyes, normas, reglamentos y tribunales; abogados del Estado, fiscales y magistrados. Juliana) y el Tribunal Constitucional tras la ‘previsora’ reforma ‘ad hoc’ de 2015; y  solo ‘in extremis’- procurando no abusar-mandando a la guardia civil en misión  disuasoriamente preventiva. Y por ello es esencial conseguir ese objetivo antes del 1-O, ya que no conviene en absoluto que sean los mossos y/o la guardia civil quienes llegado ese día tengan que retirar las urnas por la fuerza ante las cámaras de TV.

Entre este nuevo sucedáneo de referéndum y el anterior del 9-N hay pues una diferencia esencial: En aquella ocasión el Gobierno mantuvo una postura esencialmente ‘pasiva’ ante su celebración, por así decir de “laisser faire, laisser passer”. No así, ni mucho menos, después de la misma, cuando inició la criminalización de las ‘cabezas visibles’ para escarmiento de nuevas aventuras.

Ahora en cambio esa misma apariencia de similar tibieza es solo fachada: o sea, el ‘tancredismo’ de Rajoy del que tanto hablan los bienpensantes tertulianos, tan afables con él en lo demás. Tras ella hay una intensa hostilidad desplegada en todos los frentes (“por tierra , mar y aire” en palabras nada menos que de la titular de Defensa). Eso sí, todo en sordina, como agudamente apunta Pérez Royo.

Solo cabe esperar que el tenebroso desenlace que el catedrático sevillano pronostica – suspensión del Govern  por el TC, sin necesidad de acudir al 155 CE- y todo lo que de ello se desprende, finalmente no llegue a término.

Por su parte el Govern con Puigdemont a la cabeza, una vez anunciado el referéndum aspira a  conseguir que se celebre,  ya que de por sí, con la sola confirmación de las cifras que refleja la última Encuesta del CEO, la mera celebración sería todo un éxito.Tendría por tanto que procurar que la participación fuese máxima, pero al mismo tiempo en caso de alcanzar ese objetivo  corre el riesgo de tener que lidiar con un resultado en el que las papeletas del no podrían  acabar  superando a las del sí.

En lo que a las izquierdas estatales respecta, la situación no es más sencilla, ni menos paradójica : hay un evidente desfase entre el tiempo requerido para acortar la distancia que les separa en su percepción de la cuestión territorial y el muy escaso tiempo que resta para llegar al 1-O, periodo en el que las circunstancias les obligarán a adoptar posturas que pueden comprometer seriamente los deseos de confluencia y acción concertada frente al Gobierno del PP.

Tal dificultad se agrava además por el estado de confusión y división interna que reina  entre sus respectivos votantes y militantes en lo que concierne a dicha cuestión, tal y como siguen evidenciando de modo prácticamente invariable las Encuestas del CIS.

Tensiones internas que en el caso del PSOE han cristalizado, amplificándolas, en la insostenible contraposición- centrada precisamente en la cuestión territorial- entre la dirección federal y la que en Andalucía lidera su renovada secretaria- y Presidenta de esa Comunidad como ella misma ha recalcado-, que día a día acentúa su inequívoco perfil de ‘patriotismo tríanero’ y que no dudará en acudir en ayuda de Rajoy en cuanto éste se lo solicite, si es que Pedro Sánchez rehusa hacerlo.

Tensiones asimismo en el interior de PODEMOS (UP) que hasta el momento se han puesto de manifiesto no sólo entre la dirección estatal y una de las corrientes, precisamente la que contribuyó a la victoria de aquella en Vista Alegre 2- anticapitalistas-, sino lo que aún es más grave,  entre dicha dirección y la de ese mismo partido en Catalunya (partidaria de participar activamente el 1-O, con Albano Dante a la cabeza).

Las distintas tomas de posición respecto a lo que está formación pide o recomienda a sus seguidores de cara al 1-O- y que atañe también a los Comunes de Colau-/Domenech- impiden ya a estas alturas ocupar el lugar central y decisivo que esas formaciones estaban llamadas a desempeñar en el conflicto creado por el PP en Catalunya. Difícilmente podrán resolver en tiempo útil el dilema en el que se debaten: propiciar la participación fortaleciendo así al Govern y por tanto a los responsables de una estrategia errática y equivocada; o abstenerse, arriesgando con ello un resultado en el que el sí podría prevalecer sobre el no.

Dejando a salvo las diferencias- incluso profundas- que existen hoy y posiblemente por bastante tiempo en el seno de las izquierdas respecto a la cuestión territorial, y dejando para otro momento un debate sosegado dirigido al acercamiento de posiciones, solo les quedaría un resquicio de coincidencia ahora: una redoblada acción común frente al verdadero causante del conflicto- el PP y su Gobierno- principalmente frente a lo que éste va a seguir haciendo para impedir que el 1-O los catalanes acudan a votar. O al menos evitar servirle  de muleta al modo que sin duda lo hará Ciudadanos también en este  caso.

El 1-O, tanto si se vota como si no, pocos datos va a añadir sobre lo que ya pudimos conocer hace dos años  ( el 9-N).

Seguimos pues estancados sin haber logrado alcanzar el “derecho a saber”. En cuanto al anterior y más elemental “derecho a ser informados” tampoco en el resto del Reino se ha registrado ningún avance significativo. El CIS sigue formulando a los españoles la pregunta acerca de sus preferencias sobre la forma de Estado de modo deliberadamente confuso.

¿Hasta cuándo habremos de esperar para  que ese Instituto público formule la cuestión en todo el Reino en términos idénticos a los que ha utilizado siempre el CEO de Catalunya?.

Mientras, cuando se alce el telón,  el 1-O o posiblemente antes, quizás podamos saber a qué estamos asistiendo: ¿tragedia?,¿sainete?,¿comedia?.

Ojalá todo quede en simple drama de costumbres.

Antes de que el telón se alce
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