lunes 21/6/21

El abuso de autoridad como legado del franquismo

Los tics autoritarios y de abuso han sido constantes en las Administraciones de Aznar y en la de Rajoy, sobre todo en la forma de actuar de altos funcionarios y políticos con la oposición política, sindical y social.

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El abuso de poder permanece en el denominado franquismo sociológico, nunca fenecido y periódicamente renacido, y en determinadas conductas privadas, ejemplificadas en la famosa frase de “usted no sabe con quién está hablando”

@Montagut5 | El abuso de autoridad se relaciona con el mal uso de las atribuciones de los gobernantes y funcionarios de cualquier nivel, escala y/o tipo de Administración. En nuestro país el abuso de autoridad o del poder se relaciona con un conjunto de delitos tipificados y perseguidos por la ley. Serían el cohecho, la prevaricación, las violaciones del domicilio y del secreto de la correspondencia. Por fin, estaría la detención ilegal. Pero el abuso de autoridad es aún más amplio. Incluye la obstrucción a la justicia, la percepción ilegal de impuestos, el maltrato y el trato humillante a las personas.

El abuso de autoridad o del poder es moneda corriente en todas las dictaduras, regímenes autoritarios y totalitarios. Estos regímenes se basan en la prepotencia, el exceso y la impunidad con que sus funcionarios actúan y tratan a los ciudadanos y ciudadanas. El abuso de autoridad es un mecanismo más de la amplia gama de instrumentos de la represión, y promueve el terror terminando por convertir algo que debiera ser excepcional en habitual, en algo natural. La aceptación del abuso genera que cualquiera puede asumir ese rol e inducir a la víctima a que lo piense. El franquismo fue un ejemplo evidente de constante abuso de poder hasta el final de sus días, generando terror y convirtiéndolo en algo aceptado y aceptable. El franquismo inoculó en la ciudadanía comportamientos abusivos como algo habitual. Lo más grave es que esta práctica ha dejado un poso que permanece en el denominado franquismo sociológico, nunca fenecido y periódicamente renacido, y en determinadas conductas privadas, ejemplificadas en la famosa frase de “usted no sabe con quién está hablando”. Pero lo más grave es que está enquistado en el poder, especialmente cuando es administrado por la derecha. Los tics autoritarios y de abuso han sido constantes en las Administraciones de Aznar y en la de Rajoy, sobre todo en la forma de actuar de altos funcionarios y políticos con la oposición política, sindical y social. Suele asociarse a formas y tratamientos achulados, despectivos, irrespetuosos y a discursos denigratorios hacia el oponente o discrepante. Uno de los comportamientos más sangrantes es la forma de actuar hacia las víctimas del franquismo y sus familiares, no sólo porque no se legisla a su favor o se dota económicamente a la ley existente, sino también porque se insulta y se menosprecia el dolor ajeno.

Con el último gobierno esos abusos de autoridad han terminado por adquirir el barniz de la legalidad gracias a su rodillo parlamentario. No podemos dejar de afirmar que algunas leyes y disposiciones atacan derechos fundamentales de nuestro ordenamiento constitucional, como la tristemente famosa “ley mordaza”. Hacen legal lo que no debería ser.

El autor de este artículo nunca dejará de insistir en la cantidad de aspectos en los que el franquismo ha sobrevivido décadas después de la muerte del dictador, sin negar que el abuso de autoridad tampoco es monopolio exclusivo de la derecha.

El abuso de autoridad como legado del franquismo
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