miércoles 23/6/21
ESPAñA OCUPA EL LUGAR 35 DE 148

Estrategias para ganar competitividad: innovar frente a reducir salarios

Por Jorge Blazquez Lidoy | Economistas Frente a la Crisis | La idea de que los países con superávit de balanza de pagos son “más competitivos” está muy extendida, pero es totalmente falsa.

@BlazquezLidoy | El concepto de competitividad, cuando se habla de empresas, está bastante claro y se refiere a la capacidad para competir con éxito en el libre mercado. Una empresa competitiva será capaz de vender sus productos, obteniendo beneficio y, posiblemente, ganando cuota de mercado. Este concepto se ha extendido también a las naciones y todos hablamos de países más o menos competitivos, pero el concepto es mucho más difuso.

Esta idea de “la nación como una empresa”, a pesar de ser equivocada, es la que está detrás de la afirmación que “los salarios bajos nos hace más competitivos”. Los salarios más bajos en una determinada empresa dan una ventaja, a esa empresa en particular, para competir con más éxito en el mercado. Pero unos salarios más bajos en un país son reflejo de que algo no marcha bien.

Es difícil medir la competitividad de un país. No hay una métrica clara. Por ejemplo, la idea de que los países con superávit de balanza de pagos son “más competitivos” está muy extendida, pero es totalmente falsa. Un país en una crisis económica profunda tendrá superávit por cuenta corriente (por caída de las importaciones) y eso no tiene nada que ver con su nivel competitividad. Lo mismo ocurre con las exportaciones: exportar más –a nivel nacional- no implica necesariamente ser más competitivo

¿Cómo se mide la competitividad de un país?

Sin duda, el informe más conocido sobre la competitividad de los países es el llamado “Informe de Competitividad Global” realizado por el World Economic Forum. El informe analiza 12 aspectos diferentes, llamados “pilares”, sobre los que se asienta la competitividad de un país. Cada pilar, a su vez, tiene varios apartados, sumando en total 119 conceptos diferentes.

En primer lugar, tendríamos aquellos “pilares” que son la columna vertebral de la competitividad en los países poco desarrollados y que tienen que ver con los factores de producción: capital y trabajo. Estos pilares serían: 1. Las instituciones. 2. Las infraestructuras. 3.El entorno macroeconómico. 4. La sanidad y la educación primaria.

En segundo lugar, se analizan los “pilares” que sustentan la eficiencia económica de un país. Dicha eficiencia económica sería la base la competitividad de las economías de renta media, encontrándose en este grupo muchas economías emergentes. Estos pilares son: 5. La educación superior y la formación profesional. 6. El funcionamiento de los mercados de bienes. 7. El funcionamiento del mercado de trabajo. 8. El desarrollo de los mercados financieros. 9. La capacidad tecnológica. 10. El tamaño del mercado.

Finalmente, están los factores relacionados con la innovación y la sofisticación de la economía. Estos factores son la base de la competitividad de las economías más avanzadas, aquellas que deben progresar y crecer con proyectos e industrias innovadoras. En este grupo de países se encuentra España. Estos pilares son:11. La sofisticación de los negocios. 12. La innovación.

Para el World Economic Forum estos 12 “pilares” son los que explican la competitividad de un país. En este sentido y de acuerdo al informe, las economías en el estadio de desarrollo que tiene España (innovation-driven stage) tienen salarios elevados y solo pueden competir con nuevos productos, nuevas tecnologías y procesos productivos y modelos de negocios sofisticados. La competitividad vía salarios no es la adecuada para países como España.

¿Es España una economía muy competitiva?

En el último informe y que se corresponde a 2013-2014, cuyo asesor jefe es el economista catalán Xavier Sala-i-Martín, España ocupa el lugar 35 de 148 países, un grupo de países en el que están Chile, Omán, Kuwait y Tailandia. La verdad es que el panorama es algo desolador.

De la Unión Europea, y encabezando el ranking, se encuentran Finlandia, Alemania, Holanda y el Reino Unido que ocupan la posición 3, 4, 8 y 10 respectivamente. Más alejados están Francia en la posición 23 e Italia en la 49. Entre los países en crisis, Grecia ocupa la posición 91 y Portugal, la 51.

Lo cierto es que España está estancada en esos niveles desde hace varios años. En el informe de 2011-2012 España ocupó la posición 36. En 2012-13 repitió ese mismo lugar. Ahora se sitúa en el lugar 35.

La Ilustración muestra la posición que ocupa España en cada uno de los 12 pilares y se compara con la de Alemania. A simple vista se observa en qué pilares de la competitividad tenemos problemas serios: 1. Las instituciones. 3. El entorno macroeconómico. 6. El funcionamiento de los mercados de bienes. 7. El funcionamiento del mercado de trabajo. 8. El funcionamiento de los mercados financieros.

El propio informe destaca que, además, las empresas españolas tienen problemas “de acceso al crédito (puesto 138) o a otras formas de financiación, tales como el mercado bursátil (puesto 101) o capital riesgo (puesto 105). Además, la reducción de los presupuestos público y privado para investigación e innovación pueden dañar la capacidad de las firmas para innovar y contribuir a la transformación económica del país”.

Por supuesto, se puede argumentar que este tipo de informes se basa en una métrica subjetiva y depende, al final, de la opinión de un grupo de expertos. Sin embargo y a pesar de no ser perfecta, ofrece una idea de las debilidades y fortalezas de una economía.

Y, dado este contexto, ¿dónde se enmarcan las actuales políticas de devaluación salarial, tan del gusto del actual Gobierno? Pues bien en el informe se asocian a países pobres como Bangladesh, Chad, India, Nepal o Uganda por citar algunos nombres. En particular, para este tipo de países dice: “las empresas compiten en base a precio y venden productos básicos o materias primas, viéndose su baja productividad reflejada en unos salarios bajos”.

Sin embargo, España -por su alto nivel de desarrollo- debe hacer un esfuerzo en aquellas políticas que ayudan a aumentar la  innovación y sofisticación de nuestro tejido productivo. Pero este tipo de políticas, si acaso, brillan por su ausencia.

Jorge Blazquez Lidoy | Doctor en Economía y miembro de Economistas Frente a la Crisis

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