jueves 4/3/21
PUEBLOS Y PAÍSES DEL MUNDO

El pueblo nabateo

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Constituyen un antiguo pueblo, cuya actividad se desarrolló especialmente al sur y al este de la región palestina. La capital, la mayor parte del tiempo fue Petra, que está situada a 80 km al sudeste del mar Muerto.

SU SITUACIÓN GEOGRÁFICA

Nabatea se encontraba entre la península del Sinaí y la Península Arábiga. Linda al norte con el Reino de Judá, y al sudoeste con el Egipto ptolemaico. Su capital era la ciudad de Raqmu en Jordania, e incluía las ciudades de Bostra, Mada'in Saleh, la actual Hegra y Nitzana.

Raqmu, ahora llamada Petra, era una ciudad comercial rica, ubicada en un lugar que convergían varias rutas comerciales importantes. Una de ellas fue la Ruta del incienso que se basó en la producción de mirra e incienso en el sur de Arabia, y que recorría Mada'in Saleh hasta Petra. A partir de ahí, los vendedores de especias se distribuyeron por toda la región mediterránea.

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Mapa del sur del Levante mediterráneo, ca. 830 a. C. | Las regiones representadas son, de este a oeste y de norte a sur:

Estados fenicios Imperio asirio Reino de Israel Reino de Arameo de Damasco Reino de Amón
Tribus arameas Pentápolis filistea Reino de Judea Reino de Moab Tribus árabes
Reino de Edom Tribus nabateas

¿Quiénes eran los nabateos?

Los nabateos eran una de las diversas tribus nómadas beduinas que recorrían el desierto de Arabia y se trasladaban con sus rebaños donde pudieran encontrar pastos y agua. Se familiarizaron con su área a medida que pasaban las estaciones, y luchaban por sobrevivir durante los años severos cuando disminuía la lluvia estacional.


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Los nabateos estaban inicialmente incrustados dentro de la cultura aramea [1]. Las teorías sobre sus raíces arameas son generalmente rechazadas por los eruditos modernos. Por otro lado, pruebas arqueológicas, religiosas y lingüísticas confirman que son una tribu de Arabia del Norte.

El origen preciso de la tribu nómada árabe sigue siendo incierto, habiendo varias hipótesis:

A) Una hipótesis ubica su tierra natal en el actual Yemen, al suroeste de la Península Arábiga, pero sus deidades, idioma y escritura no comparten nada con los de la Arabia del Sur.

B) Otra hipótesis sostiene que su origen se encontraba en la costa oriental de la Península.

C) La sugerencia de que partieron del área de Hejaz es considerada más convincente, ya que compartían un gran número de deidades con los pueblos antiguos de esta zona. “Nbtw”, la consonante raíz del nombre de la tribu, se encuentra en las primeras lenguas semíticas de Hejaz.

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Tetrapylon en la ciudad de Palmira

Las similitudes entre el dialecto árabe nabateo tardío y las encontradas en Mesopotamia durante el período Neo-Asirio, así como un grupo con el nombre de “Nabatu” enumerado por los asirios como una de varias tribus árabes rebeldes en la región, sugiere una conexión entre los dos.


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Los nabateos podrían haberse originado allí y emigrar al oeste entre los siglos VI y IV a. C. al noroeste de Arabia y gran parte de lo que hoy es la actual Jordania.

Los nabateos han sido falsamente asociados con otros grupos de personas. Un pueblo llamado “Nabaiti”, que fue derrotado por el rey asirio Asurbanipal, estuvo asociado por algunos historiadores con los nabateos debido a la tentación de vincular sus nombres.

f15Principales rutas caravaneras del Próximo Oriente

Asurbanipal también luchó contra ellos en el año 640 a. C. aproximadamente. Unidos a la gente de Qedar resistieron, mandados por el jefe árabe Uabé que era hijo del anciano Háza’il.

Los nabateos eran eminentemente nómadas n este tiempo y la ley vigente entre ellos les prohibía sembrar trigo, plantar árboles o construir casas. Así mantenían el espíritu trashumante que les era propio.

Otros lugares que se asignan al Reino Nabateo son la ciudad costera de Gaza en Israel de donde partían los barcos con destino a los reinos de los diadocos, e incluso grandes ciudades como Damasco y Palmira

La mayoría de los historiadores identifican a los nabateos con la tribu de Nebayot. Por eso se les relaciona con Ismael de quien aquel era hijo. Para otros es una idea equivocada es su identificación con los Nebayot de la Biblia hebrea, los descendientes de Ismael, el hijo de Abraham. Como podemos comprobar no hay un criterio mayoritario del origen nabateo.

A diferencia del resto de las tribus árabes, los nabateos surgieron más tarde como dirigentes vitales en la región durante sus tiempos de prosperidad. Sin embargo, su influencia se desvaneció y los nabateos fueron cayendo en el olvido.

Los nabateos conocían la escritura. Sin embargo, no dejaron textos históricos de considerable tamaño. Existen miles de inscripciones que todavía se encuentran hoy en varios lugares donde alguna vez vivieron, incluyendo graffitis y sus monedas acuñadas.

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Uno de los aspectos más llamativos de la sociedad nabatea era la igualdad de género que era muy notable en ese momento. Es probable que estuvieran en desacuerdo al tratamiento de las mujeres en su área, que habitualmente eran vendidas como esclavas sexuales.


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La primera referencia histórica a los nabateos es del historiador griego, Diodoro Sículo, que vivió alrededor del año 30 a. C., pero que incluye información de los trescientos años anteriores. Usa como fuente a Jerónimo de Cardia, que fue uno de los generales de Alejandro Magno que tuvo un encuentro de primera mano con los nabateos.

Diodoro relata cómo los nabateos sobreviven en un desierto sin agua y cómo lograban vencer a cualquier enemigo al esconderse en el desierto, hasta que este se rendía por falta de agua.

Los nabateos excavaban cisternas que estaban cubiertas y dejaban señas solo conocidas por ellos mismos. Diodoro escribió sobre cómo eran “excepcionalmente aficionados a la libertad” e incluyó una lista sobre incursiones infructuosas que fueron iniciadas por el general griego Antígono I en 312 a. C. El historiador griego nos describe a los reyes nabateos, como monarcas al servicio del pueblo, en un época precisamente donde la figura de sus homónimos helenísticos son todo lo contrario, ya que encarnan la figura de reyes que se separan de su pueblo para ponerse al lado de Dios.

De ahí que posiblemente le llamó la atención la actitud de estos reyes, para describírnosla de la siguiente forma:

“El rey es de tendencia democrática y, en vez de ser servido, él sirve a otros. Muchas veces presenta en público sus cuentas al pueblo, y otras veces incluso las acciones de su vida privada”.

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Otro de los aspectos que nos puede llamar la atención es su manera de despedir a los que pasan a la otra vida. Resulta extraño que una ciudad como Petra con tantas riquezas y suntuarias tumbas al menos por fuera, no de ninguna importancia a este hecho, de ahí que se suele decir que es una ciudad de cara al exterior, con sus interiores vacíos.

Así despedían a sus muertos los nabateos: “Creen que los cuerpos muertos son como estiércol. Como afirma Heráclito: los cadáveres hay que arrojarlos como abono amontonado. Por esta razón, entierran incluso sus reyes al lado de sus retretes”.

SU HISTORIA

La época de mayor esplendor del pueblo nabateo será aproximadamente entre los siglos IV a. C.-I d. C. Por lo tanto es evidente que tras las conquista de Alejandro Magno, la mayor parte de su historia estuvo sometida a un cierto proceso de helenización, hecho que se puede corroborar en los elementos constructivos de la ciudad de Petra. Aunque durante la posterior época de ocupación romana mantendrán esporádicos periodos de cierta independencia, e incluso célebres revueltas.


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Después de la muerte de Alejandro Magno en el año 323 a. C., su imperio se dividió entre sus generales. Durante el conflicto entre los generales de Alejandro, Antígono conquistó el Levante y esto lo llevó a las fronteras de Edom, justo al norte de Petra.

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Los ricos nabateos se convirtieron en el próximo objetivo de Antígono. Su riqueza era generada por los ingresos de las caravanas comerciales que transportaban incienso, mirra [2] y otras especias de Eudaemon en el actual Yemen, a través de la Península Arábiga, pasando por Petra y terminando en el Puerto de Gaza para su envío a los mercados europeos.

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Esta riqueza hizo que los nabateos se distinguieran de otras tribus árabes. Antígono, que era rey de Siria y Fenicia ordenó a uno de sus oficiales que atacará a los bárbaros nabateos y tomara sus rebaños como botín. Este año se considera como el inicio oficial de la historia de Nabatea, sus habitantes ya poseían amplias riquezas.

Pronto se produjeron dos nuevos enfrentamientos y, a la luz de las derrotas, Antígono abandonó sus planes contra los nabateos. Durante la Batalla de Ipsus en Anatolia alrededor del año 301 a. C., Antígono fue derrotado ante una coalición griega que incluía a los Seléucidas.

La serie de guerras entre los generales macedonios terminó en una disputa sobre las tierras de Jordania entre los Ptolomeos con sede en Egipto y los Seléucidas con sede en Siria. El conflicto permitió a los nabateos extender su reino más allá de Edom.

Los nabateos ocuparon el norte de Hejaz, Edom y el Neguev en el Mar Mediterráneo durante el siglo IV a. C., junto con algunas islas de la costa y un tramo de tierra a lo largo de la costa del Mar Rojo.

Diodoro menciona que los nabateos habían atacado barcos mercantes pertenecientes a los Ptolomeos en Egipto, pero pronto fueron los nabateos atacados por una fuerza mayor y castigados como se merecían.

No se sabe porque los ricos nabateos recurrían a la piratería, una posible razón es que sintieron que sus intereses comerciales estaban amenazados por la competitiva ruta comercial naval a través del Mar Rojo.

Aretas I fue el primer rey nombrado por los nabateos cuyo nombre se encontró en una inscripción en el Neguev datada en el siglo II a. C. Casi al mismo tiempo, los nabateos árabes y los judíos macabeos vecinos habían mantenido una relación amistosa, la primera había simpatizado con los macabeos [3], que a la vez estaban siendo maltratados por los seléucidas. Los nabateos comenzaron a acuñar monedas durante el mismo siglo, indicando la extensa independencia económica y política de la que disfrutaban.


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Los nabateos fueron aliados de los macabeos durante sus luchas contra los monarcas seléucidas. Más tarde se convirtieron en rivales de sus sucesores, la dinastía asmonea [4] de Judea, y un elemento principal en los desórdenes que invitaron a la intervención de Pompeyo en Judea, en el contexto de la Tercera guerra mitridática.

El Puerto de Gaza era la última parada para especias que eran transportadas por caravanas comerciales antes del envío a los mercados europeos, por lo que los nabateos poseían una influencia considerable sobre los habitantes de Gaza.

Hemos de saber, que la tierra de Moab estaba colonizada por los nabateos. El rey asmoneano Alejandro Janneo sitió la ciudad de Gaza alrededor del año 100 a. C., con el argumento de que los habitantes de Gaza habían favorecido a los Ptolomeos por encima de los judíos en sus recientes batallas. Gaza fue ocupada y sus habitantes fueron pasados por la espada por Janneo.

Alejandro Janneo consiguió someterla a tributo, sin que el rey nabateo Obodas I pudiese impedirlo. Los asmoneos, bajo Janneo, lanzaron una campaña que capturó varios territorios en Transjordania al norte de Nabataea, a lo largo del camino a Damasco, incluyendo el norte de Moab y Galaad. Las adquisiciones territoriales amenazaron los intereses comerciales de Nabatea, tanto a Gaza como a los Seléucidas en Damasco.

El rey nabateo, Obodas I, luchó por restaurar las áreas. Logró derrotar a Janneo en la Batalla de Gadara alrededor del año 93 a. C., cuando lo emboscaron a él y sus fuerzas en un valle empinado donde Janneo tuvo la suerte de escapar vivo.

Después de la victoria de los nabateos sobre los judíos, los primeros ahora estaban en desacuerdo con los seléucidas, quienes no quedaron impresionados con la creciente influencia de los nabateos al sur de sus territorios.

f10Monedas nabateas

Los nabateos salieron nuevamente victoriosos sobre los griegos, y esta vez sobre los seléucidas. Durante la batalla de Caná, el rey seléucida Antíoco XII declaró la guerra contra los nabateos y el propio rey fue asesinado durante el combate.

Su ejército desmoralizado huyó y pereció en el desierto por inanición. Después de las victorias de Obodas sobre los judíos y los griegos, se convirtió en el primer rey de Nabatea en ser adorado como un dios por su pueblo.

Avdat fue un templo construido en el desierto de Neguev por los nabateos para conmemorar a Obodas. Fue enterrado allí y se han encontrado inscripciones refiriéndose a “Obodas el Dios”.

El reino nabateo se vio lentamente rodeado por el Imperio Romano en expansión, que conquistó Egipto y anexionó la zona asmoneana. Mientras el reino nabateo lograba preservar su independencia formal, se convirtió en un reino cliente bajo la influencia de Roma.

Durante el reinado de Aretas III entre los años 87 al 62 a. C., el reino nabateo alcanzó su cénit territorial, pero fue derrotado por un ejército romano bajo el mando de Marco Emilio Escauro.

EL IMPERIO ROMANO Y LOS NABATEOS

Por su parte, los romanos continuaron sus incursiones por el territorio nabateo. Más tarde Alejandro Janneo fue derrotado cerca de Garada gracias al dominio de esas rutas comerciales que el rey Obodas I aún poseía.

Pompeyo intentó, inútilmente, anexionar a la provincia de Siria el territorio de los nabateos; pero solo consiguió Filadelfia y algunas ciudades de la Decápolis.

Esta injerencia de los nabateos era mal vista por el cónsul Pompeyo pero ellos se mantenían seguros gracias al control y dominio de las rutas del este. Los nabateos pierden el control de Damasco.


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Pompeyo envió contra la capital de los nabateos a Escauro, que era gobernador en Siria. Llegó hasta Petra, pero solo consiguió 300 talentos que el rey nabateo pagó gustosamente con tal de verse libre de la poco grata presencia romana. Pagando un tributo, Aretas III recibió el reconocimiento formal de la República Romana.

Seis años duró esta primera guerra entre romanos y nabateos, los cuales no perdieron el control de Petra, pero si se vieron obligados a rendir tributos a Roma, en este caso mediante la entrega de plata.

Más tarde en el año 55 a. C., Gabinio intentó obtener algún botín de los nabateos antes de volverse a Roma, pero lo más que consiguió fue la liberación de los partos exiliados.

Por este tiempo se rompió la antigua amistad con los judíos, y así los nabateos que ayudaron en más de una ocasión a los macabeos, que se vieron atacados por Alejandro Janneo, rey y sumo pontífice de los judíos, que les arrebató algunas ciudades.

El rey Aretas II se puso del lado de Gaza en su discordia con aquellos. Gracias a la ayuda de los nabateos, esta ciudad pudo resistir el ataque de sus enemigos.

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El mayor esplendor de dicho reino fue en torno el siglo I a. C., cuando el rey Obodas I consigue vencer el asedio al que fue sometida la ciudad de Petra por parte de las fuerzas seleúcidas, comandadas por Antioco XII.

La muerte en combate de este último fue bien recibida en la ciudad de Damasco, donde sus habitantes se levantaron en armas contra la opresión ejercida por los seleúcidas. Tras acabar con el gobierno de estos últimos, Aretas III sucesor de Obodas I lleva al reino nabateo al primer orden dentro de Próximo Oriente, para convertirlo definitivamente en la principal entidad política de la zona.

En año 84 a. C., Damasco, una de las ciudades más importantes de la época en Próximo Oriente, se convierte en la obsesión de romanos y nabateos. Si esos últimos ya tenían el control de Petra, su capital, tener el control de la gran ciudad siria les hacía realmente peligrosos para los intereses romanos.

El rey Malicos I entre los años 60 al 30 a. C. tuvo que pagar al legado romano Ventidio una fuerte suma en concepto de tributo. Este mismo rey nabateo entabló lucha contra el hijo del idumeo Antípatro, que tanto favor gozaba en la corte judía de los asmoneos.

Los primeros enfrentamientos con el que sería más tarde Herodes el Grande tienen lugar al norte del río Yarmuk, en Diáspolis y Canata. Después de una primera victoria judía, Herodes fue vencido por los nabateos, pero pronto tomó la revancha, junto a Filadelfia, donde aquellos sufrieron una fuerte derrota.

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El reino nabateo alcanzó su máximo esplendor con el rey Aretas IV que gobernó entre los años 9 a.C. y el 40 d. C. Inicialmente estaba enemistado con los romanos, entre otras razones por haber subido al trono sin autorización del emperador Augusto. Pero supo atraerse el favor de Roma poniendo a disposición del cónsul Varus un buen contingente de hombres contra el levantamiento del pueblo judío.

La enemistad con el país vecino aumentó cuando Herodes Antipas que era el tetrarca de Galilea que había repudiado a la hija del rey Aretas IV, uniéndose con Herodías, la esposa de su hermano. Este fue el verdadero motivo de la guerra, aunque se justificara con cuestiones fronterizas.

Durante el reinado del emperador romano Trajano en el año 106 d. C., murió el último rey del reino nabateo, Rabel II Soter. Eso podría haber provocado la anexión oficial de Nabatea al Imperio Romano, pero se desconocen las razones formales y la forma exacta de la anexión.

El emperador Tiberio se posicionó a favor de los judíos y ordenó que, vivo o muerto, Aretas fuese llevado a Roma, pero muerto el emperador, Vitelio que era el legado romano de Siria, no consiguió apresar al monarca que permaneció en Petra, sin olvidar sus dominios del norte en la región damascena.

Durante el gobierno del emperador Caligula entre los años 37 y 41 d. C, estuvo representado en Damasco por un etnarca [5] que veló por los intereses del pueblo. En este periodo ocurrieron los hechos a que se refiere Pablo de Tarso en su “Segunda carta a los corintios” 11.32.

Los reyes sucesores de Aretas IV perdieron el control de Damasco en tiempos del emperador Nerón, aunque siguieron dominando en Admedeva, la primera población en la ruta de Damasco a Palmira.

El último rey nabateo fue Rabel II entre los años 71 al 106 d. C. La unificación que se había realizado alrededor de este reino por la incorporación del último territorio herodiano del norte del río Yarmuk, debería proseguir normalmente con la anexión de la Arabia nabatea al Imperio romano.

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Cuando Trajano puso sus pies en el Próximo Oriente instauró una nueva provincia romana, de nombre Arabia Petrea, posiblemente inspirado en las magníficas construcciones nabateas, tras ello cambió la capital de Petra a Bosra, de tal manera que la bella ciudad nabatea perdió todo el interés para las rutas comerciales, lo cual supuso su progresivo abandono.

Al año siguiente el territorio nabateo quedó convertido en provincia romana administrada por un legado, con la Tercera Legión Cirenaica a su mando. El centro político se situó en Bosra donde estuvo una legión acuartelada, que pasó a llamarse Colonia Nova Trajana. Su primer gobernador fue Claudio Severo y durante su mandato los soldados romanos construyeron una calzada que iba desde el puerto de Eilat en el mar Rojo hasta la frontera con Siria.

Algunas evidencias epigráficas sugieren una campaña militar, comandada por Aulo Cornelio Palma, que era el gobernador de la provincia romana de Siria. Las fuerzas romanas partieron de Siria y también de Egipto. Está claro que hacia el año 107 d. C. las legiones romanas estaban estacionadas en el área alrededor de Petra y Bostra, como lo demuestra un papiro encontrado en Egipto.

La provincia romana de Arabia Pétrea abarca el sur de la actual Jordania y el noroeste de Arabia Saudí. Con la anexión del reino nabateo se aseguró la continuidad territorial del Imperio romano entre Egipto y las provincias asiáticas. El comercio fue continuado en gran medida gracias al talento no reducido de los nabateos para comerciar.

Petra seguiría conservando su prestigio y en más de una ocasión sería la residencia del legado romano. En su bella necrópolis fue enterrado Sextus Florentinus. Los nabateos conservaron la peculiaridad de su dialecto por mucho tiempo, aunque poco a poco se fueron arabizando hasta el punto de que los romanos los identificaban con los árabes. Así Estrabón habla de Petra como la ciudad de los árabes llamados nabateos.

El aumento de población y el cambio de circunstancias históricas fueron convirtiendo a los nabateos de nómadas en pacíficos agricultores, que se agruparon en pueblos y ciudades. Existían numerosas vías de comunicación que los ponían en contacto entre sí, mientras que una red de fortalezas y torres de guardia les protegían de posibles expediciones enemigas.

Tras Bosra el control comercial pasó a Palmira, todas las rutas caravaneras que habían hecho parada en Petra dos siglos antes, ahora lo hacían dicha ciudad. Seguramente los comerciantes seguían siendo los mismos nabateos, de tal manera que el levantamiento Zenobia, la reina de Palmira, contra el Imperio romano es visto como el último intento de resurgir al Pueblo Nabateo.

f6Tumbas nabateas

El comercio fue la actividad principal, o al menos la más trascendental, de estos pastores de cabras y ovejas tras conseguir sedentarizarse. Indudablemente su pasión por el dinero está detrás de esta actividad. Según Estrabón:

Los nabateos son gente moderada y tan laboriosa que castigan públicamente a los que disminuyen sus bienes y honran a los que los aumentan”.

Los nabateos fueron los mejores proveedores de egipcios, griegos y romanos, de sus tierras salía por ejemplo el asfalto utilizado por los egipcios para embalsamar los cadáveres.

Se convirtieron en excelentes intermediarios de productos; en el sur de la Península Arábiga se hacían con el arrayán y el incienso, dos productos muy demandados en la época. De la India exportaban los productos exóticos que inundaban los mercados griegos y romanos, entre ellos, especias, sedas, o ricos perfumes. Todo este negocio le sirvió para hacer de Petra una de las ciudades más admiradas del Próximo Oriente, efecto que incluso ha llegado a nuestros días.

Bajo el emperador Adriano, el Limes Arabicus ignoró la mayor parte del territorio nabateano y se dirigieron al noreste desde Aila, situada en el Golfo de Áqaba. Un siglo más tarde, durante el reinado de Alejandro Severo, el problema local de las monedas llegó a su fin.

No hubo más edificios de tumbas suntuosas, aparentemente debido a un cambio repentino en las formas políticas, como una invasión del poder neo-persa bajo el Imperio Sasánida.

La ciudad de Palmira, por un tiempo, fue la capital del Imperio nabateo, creció en importancia y atrajo el comercio árabe lejos de Petra.

LAS CIUDADES NABATEAS

Petra

El casco urbano de Petra se repartía entre las dos riberas del río Uadi Musd, un valle encajonado entre altas rocas. Ciudad almacén de las mercancías que procedentes de Arabia, India y el mar Rojo, eran trasladadas en largas caravanas por las rutas comerciales de la época. La posesión de los principales enclaves por donde esas rutas pasaban era una de los objetivos de los nabateos.

Petra fue incluida en una lista de las principales ciudades del área mediterránea para ser visitada por un notable de Priene, una señal del significado de Nabatea en el mundo antiguo. Petra estaba incluida con Alejandría, siendo considerada una ciudad capital en el mundo civilizado.

La descripción que hizo Estrabón de Petra decía: “La capital de los nabateos se llama Petra, porque se extiende por una planicie, pero alrededor está rodeada de rocas; fuera de ella hay arroyos y dentro de la ciudad hay fuentes abundantes de agua corriente y para regar sus jardines”.

f4La reina Zenobia

Tres eran los dioses que eran los más venerados en las antiguas tumbas nabateas, en concreto Dushara el dios nabateo de la fertilidad, Manatu la diosa nabatea de la muerte y sobre todo Allat, elegida para ocupar el puesto de hija en el Panteón del Dios Allah, este último se acabará convirtiendo por medio de Mahoma en el único dios del mundo islámico.

Durante el solsticio de invierno, el sol se filtra en el Monasterio de Petra, en Jordania, iluminando el pódium de una deidad. Justo en ese momento, la silueta de la montaña de enfrente dibuja la cabeza de un león, un animal sagrado.

El movimiento del Sol sobre los cielos de Petra determinó la forma en que se levantaron los monumentos de esta y otras ciudades nabateas.

Estas grandes construcciones se levantaron teniendo en cuenta los equinoccios, los solsticios y otros acontecimientos astronómicos que determinaron la religión de los nabateos. Este antiguo pueblo prosperó entre los siglos I a. C. y I d. C en lo que hoy es Jordania y países cercanos.

f3La reina Zenobia

“Las orientaciones astronómicas fueron a menudo parte de un plan elaborado y, posiblemente, una huella de la naturaleza astral de su religión, que mostraba impresionantes “hierofanías” [6] o actos de manifestación de lo sagrado en edificios relacionados con los tiempos de culto y adoración”.

Un ejemplo claro se observa en Ad Deir, el Monasterio de Petra. Durante el solsticio de invierno, la luz del sol poniente entra por la puerta del monumento e ilumina el sagrado motab. Se trata de un pódium donde se colocaban unos bloques de piedra que representaban a las divinidades, como el dios Dushara.

“El efecto es espectacular, y sólo se puede observar durante unos pocos días próximos a ese solsticio”. Desde el propio motabse observa cómo la puesta del sol recrea sobre las rocas de enfrente la figura de una cabeza de león, el animal de la diosa nabatea Al Uzza.

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Tres alineaciones en la tumba de la Urna

Los cálculos matemáticos también muestran el trazado astronómico que sigue la tumba de la Urna, otro famoso monumento donde se supone estuvo enterrado el rey Maliko II. Su puerta principal está centrada con el entorno según la puesta de sol del equinoccio, cuando el día se iguala a la noche, y los rayos solares durante los solsticios de invierno y verano determinan las dos esquinas interiores del edificio.

Este impresionante conjunto de tres alineaciones en el plan de la obra, en combinación con características significativas en el lejano horizonte, difícilmente puede atribuirse a la casualidad”, subraya Belmonte. “Consideramos que es un intento deliberado para convertir el salón de esta tumba en una especie de cronómetro del tiempo”.

Cuando en el año 446 d. C. el obispo cristiano Jason convirtió la tumba de Urna en la catedral de Petra, los marcadores solsticiales también sirvieron de referencia para determinar la víspera de la Navidad, el veinticuatro de diciembre y San Juan, el veinticuatro de junio, la fecha en que se consagró el monumento a la nueva religión.

Palmira

Situada al norte, fue capital del reino nabateo bajo el efímero reinado de la famosa reina Zenobia, entre los años 266 y 272 d. C.

Palmira creció en importancia cuando los emperadores romanos la tomaron como base para sus ataques contra los Partos.

Pero en 273 Sus habitantes pagaron en el año 273 d. C. duramente una tentativa de independencia y de dominio sobre las provincias orientales, bajo el efímero reinado de la famosa reina Zenobia entre los años 266 y 272, lo que constituyó un paso más en el proceso de disolución en que el pueblo nabateo había entrado desde la muerte de Aretas IV.

Les recomiendo leer “Zenobia la reina guerrera” publicada por mí en este diario, así como “Petra, una maravilla del mundo” realizada en dos artículos. Se podrán hacer de esta forma una idea más aproximada del pueblo nabateo.

f1Tumba nabatea de Madain Saleh

Otra de sus ciudades en el centro de la ruta comercial fue la ciudad de Bosra.

La ciudad comercial más importante estaba en Hegra que es la actual Madin Saleh lugar en que se cruzan las rutas del golfo Pérsico.

Se han hallado la presencia de los nabateos en la actual Arabia Saudí, concretamente en la localidad de Madain Saleh situada a 600 km al sur de Petra, y antiguamente conocida como Hegra, donde se hallaron los restos de más de 130 tumbas nabateas.

Otros lugares que se asignan al Reino Nabateo son la ciudad costera de Gaza en Israel de donde partían los barcos con destino a los reinos de los diadocos, e incluso grandes ciudades como Damasco y Palmira.


[1] Los arameos, también llamados siríacos fueron y son un pueblo semítico nómada que se originó durante el Bronce Reciente gracias a la llegada de los Pueblos del Mar. Habitó en Aram-Naharaim (Aram de los dos ríos’), también conocido como Mesopotamia, una región que incluye Siria, Iraq, Jordania, Líbano, Israel y parte de Irán que es mencionada seis veces en la Biblia.
[2] Es una sustancia resinosa aromática con propiedades medicinales. Se obtiene haciendo una incisión en la corteza del árbol Commiphora myrrha, de la cual exuda una resina gomosa, de color amarillo que al secarse tiene formas irregulares y tonalidad pardo-rojiza. Crece al noreste de África, en Arabia (especialmente la procedente del Ẓufār) y en la región de Anatolia. Era muy valorada en la Antigüedad, ya que era uno de los componentes para la elaboración de perfumes, incienso, ungüentos, medicinas y para diluir tinta en los papiros.
[3] Constituyeron un movimiento judío de liberación, que luchó y consiguió la independencia de Antíoco IV Epífanes, rey de la helénica dinastía seléucida, sucedido por su hijo Antíoco V Eupátor. Los macabeos fundaron la dinastía real asmonea, proclamando la independencia judía en la Tierra de Israel durante un siglo, desde el año 164 al 63 a. C.
[4] La historia de la dinastía asmonea continúa la de la dinastía macabea, cuya principal fuente histórica son los dos libros bíblicos reconocidos por los cánones católicos, pero no por aquellos rabínicos. La razón por la cual los dos libros no fueron incluidos en el canon de la Tanaj es que estaban escritos en griego, pero ello no significa que no sean valorados como documentos históricos
[5] El título genérico de etnarca se usó en la Antigua Roma para referirse a aquellos gobernadores de los reinos vasallos orientales que no llegaban al nivel de monarcas o reyes.
[6] Es la toma de consciencia de la existencia de lo sagrado, cuando éste se manifiesta a través de los objetos de nuestro cosmos habitual como algo completamente opuesto al mundo profano. Para traducir el acto de manifestación de lo sagrado, Eliade propone el término hierofanía, que es preciso, ya que se refiere únicamente a aquello que corresponde a lo sagrado que se nos muestra. Las hierofanías pueden ser de forma simple o compleja. Las simples son cuando se manifiestan a través de objetos, tales como una piedra, un anillo, una espada o un río. Las complejas ocurren cuando estas se manifiestan mediante un complejo y largo proceso, por ejemplo, el surgimiento del cristianismo.

El pueblo nabateo