sábado 15/5/21
ENTREVISTA A INMA CHACÓN

“Una sociedad donde se han robado niños es una sociedad enferma”

Inma Chacón propone una reflexión sobre la identidad y la memoria en su nuevo trabajo literario, inspirado en el drama de los niños robados durante la dictadura franquista. Partiendo de casos reales, la autora extremeña crea una obra de ficción que también tiene mucho de denuncia social. Mientras pueda pensarte es una intensa historia de vidas cruzadas que aspiran a conocer la verdad.

Foto: Andoni Osés.

¿Es una novela que aprovecha el tirón de la actualidad, o es oportuna, porque traslada a la ciudadanía, desde la ficción, el drama de los niños robados?

Alguien puede considerarla oportunista porque su publicación ha coincidido con una serie y algún programa de televisión sobre niños robados (es bueno que coincida porque así se habla más del tema), pero lo cierto es que un libro se tarda en escribir dos años. Cuando estalló el escándalo del robo de bebés, yo estaba escribiendo Tiempo de arena. Escuché entonces a una madre decir que el último recurso que le quedaba para encontrar a su hijo era ir a las plazas a tratar de reconocer las facciones de alguien que pudiera ser él. Aquello me impresionó, me causó estupor. Empecé a escribir Mientras pueda pensarte en 2011, después de Tiempo de arena, de hecho en cierta medida es consecuencia suya. Quería saber cuál era el origen de todo esto, las causas de la venta de niños -como quien vende lavadoras- por redes que funcionaron en toda España. Llegué a la conclusión de que el origen estaba en hechos anteriores. 

Probablemente, el origen está en la represión de posguerra...

Así es. Después de la guerra civil, en las cárceles ya se robaban los niños a las presas republicanas. Siguiendo las teorías de Vallejo-Nájera, se consideraba que las madres republicanas eran enfermas mentales, que la ideología comunista era una enfermedad mental, y por tanto, para que no se contagiasen los niños, tenían que ser recogidos y entregados a familias adeptas al régimen para educarlos en el nacionalcatolicismo. Mucha gente lo ha contado estupendamente, como por ejemplo Benjamín Prado en Mala gente que camina. Desde una perspectiva periodística, no científica, considero que hay tres causas que explican aquel fenómeno: primero, una causa social, los prejuicios que impedían que las madres solteras se quedaran con sus hijos. Se ocultaba, se hacía pasar a los hijos por hermanos pequeños. Una segunda causa es la ideológica. Con el baby-boom se entregaron muchos bebés en conventos o inclusas. Como el sistema de adopción era complicado, las instituciones derivaban la demanda a las clínicas. Y como estas no podían dar los niños en adopción, los adoptantes ingresaban y salían con los niños como si fueran suyos. Eran adopciones irregulares, no robos. Se corrió la voz de que era fácil adoptar, y empezó a venir gente de fuera. Como la demanda era alta, empezó el robo de niños, se mercantilizó el proceso. Esta es la tercera causa, la puramente mercantil.

La literatura es con frecuencia un viaje interior, una forma de hacernos preguntas. ¿Qué viaje propone Mientras pueda pensarte?

Yo he querido preguntarme cómo reaccionaría cada uno de nosotros en una situación como la de los protagonistas. Y cómo reaccionaría cada madre. La novela es una reflexión sobre la identidad. En algún momento de nuestra vida, principalmente en la adolescencia, todos nos hemos preguntado quiénes somos. Pero lo que ha ocurrido es que muchas personas han vuelto a preguntárselo en la edad adulta, y eso resquebraja sus cimientos. De pequeña, mi hermana Dulce y yo éramos muy morenas, un poco gitanillas, más o menos como ahora... Entonces nuestros padres decían, a modo de broma: “A ti te encontré debajo de un puente”. Era una broma, pero era una de las preguntas que va conformando nuestra identidad. He planteado a muchos jóvenes esta pregunta: ¿Os habéis preguntado qué haríais si supiéseis que sois niños adoptados? Hoy estamos muy seguros de todo, hay una gran seguridad jurídica, pero te aseguro que todos se lo habían planteado alguna vez.

Y una reflexión sobre la maternidad...

Sí, porque a muchas madres no les robaron a los hijos, sino que los entregaron voluntariamente. Y esas mujeres tambien se hacen preguntas: ¿Dónde está mi hijo? ¿Quién le habrá criado? ¿Habrá sido feliz? Muchas mujeres tienen la necesidad de decir a su hijo: “Yo te quería”. Otras deciden no buscarlos nunca. La novela es poliédrica, son muchas caras, las madres que fueron víctimas de engaño, los adultos que fueron cómplices... Madres e hijos viven vidas paralelas que en la ficción se cruzan, pero en la realidad no llegan a cruzarse casi nunca. 

«Madres e hijos viven vidas paralelas que se cruzan en la ficción, pero que en la realidad no llegan a cruzarse casi nunca»

¿Es una novela sólo para las familias afectadas por el robo de niños, o también para otros lectores?

Es una invitación a la lectura para todo tipo de lectores porque el drama de los niños robados no es un problema sólo de los afectados, es de toda la sociedad. Lo comparo con los malos tratos. Una sociedad donde se han cometido tales atrocidades es una sociedad enferma. La sociedad española está herida, las heridas se cerraron en falso, hay costra pero la infección sigue por debajo. Y hacen falta soluciones institucionales. En Argentina las instituciones buscan a los desaparecidos, en Australia y en Alemania algo parecido. Las instituciones han de poner los medios, por ejemplo, para abrir fosas, y eso sería una señal de buena salud democrática. Lo primero sería asumir el pasado, porque el pasado nos pertenece. Pero eso no se quiere en España.

A fin de cuentas, la necesidad de ejercitar la memoria...

Es un propósito que conecta con el título de la novela, que nace de los versos del poeta extremeño Ángel Campos Pámpano: “Mientras pueda pensarte, no habrá olvido”.

«Lo primero sería asumir el pasado, porque el pasado nos pertenece. Pero eso no se quiere en España»

Desde que se publicó Mientras pueda pensarte, ¿qué respuesta ha ido recibiendo de los lectores?

Los afectados se han visto reflejados en los personajes de ficción. Hablan de cosas que ocurren en el libro como si hubiesen pasado de verdad, y de los personajes como si realmente hubiesen existido. Muchos dicen haberse conmovido.

Muchas editoriales apuestan por novelas amables, balsámicas, con protagonistas que empaticen con el lector. Sin embargo, Mientras pueda pensarte es lo contrario, una novela poco amable, combativa, que hace pensar y sentir...

Para su propia supervivencia, las editoriales necesitan ofrecer al público productos fáciles de digerir, ligeros, que puedan llegar a un público objetivo amplio. Si no es así, terminarían hundiéndose, dado el cambio en los hábitos de lectura y el problema de las descargas ilegales y el pirateo. Soy muy combativa con este fenómeno porque está en juego el pan de miles de familias. A mí no me han propuesto nunca escribir sobre nada en concreto. En todo caso, de una manera o de otra yo escribo desde la verdad. Mario Vargas Llosa tiene un libro que se titula La verdad de las mentiras. Se trata un poco de eso: de escribir ficción con el corazón abierto, con la verdad que hemos llegado a conocer.

Da la sensación de que la novela también explicita el compromiso de la autora con la necesidad de movilizarse para cambiar las cosas.

Todo tenemos el objetivo de cambiar esto, de mejorar el mundo desde nuestras parcelas respectivas. Yo, personalmente, siento ese compromiso, y contribuyo como puedo, desde la literatura y desde la docencia.

¿Por qué la Iglesia sigue teniendo la influencia y la presencia que tiene en la vida pública española, a pesar de vivimos en un país laico?

Lo de la Iglesia es una intromisión permanente en el ámbito político y social. Debería de estar presente en el individuo como opción personal. Lo que predica es ideología, y la ideología forma parte de la actividad ciudadana, no de la espiritual. Estamos demasiado acostumbrados a aceptar estos predicamentos, se ha convertido en costumbre y es difícil de desarraigar. Por suerte, mucha gente sabe distinguir el consejo espiritual del adoctrinamiento.

 «Lo que predica la Iglesia es ideología, y la ideología forma parte de la actividad ciudadana, no de la espiritual»

Respecto a la implicación de religiosos y religiosas en el robo de niños, no parece que haya habido un acto de contrición, una disculpa pública...

No sólo no ha habido una disculpa, sino que ha habido una justificación. De todas formas, no querría adjudicar la responsabilidad de hechos puntuales al colectivo religioso en su conjunto. En las órdenes religiosas, la mayoría de las personas busca el bien; la fe ha ayudado a salir a mucha gente que, en otras situaciones, no habría podido. Del mismo modo que no me gusta que se califique de corrupto a todo el colectivo de políticos. La mayoría dedica su tiempo de trabajo, e incluso de ocio, al bien común.

“Una sociedad donde se han robado niños es una sociedad enferma”