sábado 12/6/21
MUJERES EN EL ARTE

Clara Peeters, la pintora de los bodegones

El conocido escritor Boccaccio dijo que “el arte es ajeno al espíritu de las mujeres pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”.
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Retrato de una dama posiblemente la propia Clara Peeters, cuadro de 1610

El conocido escritor Boccaccio dijo que “el arte es ajeno al espíritu de las mujeres pues esas cosas solo pueden realizarse con mucho talento, cualidad casi siempre rara en ellas”.

Ser mujer pintora en el siglo XVII, no era fácil, incluso en una sociedad cuya clase en ascenso retaba algunas viejas costumbres. Entre otras cosas, porque las artistas encontraban grandes trabas para su formación, a menos que aprendieran con él o con un maestro particular.

f12Bodegón con pescado, gambas, ostras y cangrejos de río

Clara Peeters fue una pintora flamenca considerada una de las iniciadoras del bodegón y de las naturalezas muertas en los Países Bajos. Se caracterizó por popularizar el uso del autorretrato escondido en objetos de las naturalezas muertas que muchos otros artistas emularían.

Se conservan treinta y nueve obras con su firma o una inscripción que permite la atribución a esta pintora en el mundo, que fue una de las pocas mujeres artistas activa en Europa durante la primera mitad de siglo XVII.

Si historia personal es muy poco conocida. Se la ha supuesto ser hija de Jan Peeters. Nacida en Amberes, donde habría sido bautizada en la iglesia de Santa Walpurgis el quince de mayo del año 1594, lo que la convertiría en una artista precoz pues su primera obra conocida, fechada en el año 1607, “Bodegón de galleta”, habría sido pintada con catorce años de edad.


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Investigaciones más recientes nos dicen que pudo nacer en Malinas hacia el año 1587 y en el seno de una familia de artistas, siendo su nombre de nacimiento Clara Lamberts.

Se desconoce todo lo relativo a su formación artística. Se supone que la desarrollaría en el ámbito familiar. Las mujeres no podían frecuentar un taller, fórmula habitual para convertirse en pintor, pues era impensable para las jóvenes compartir cotidianidad con otros muchachos.

Además, al terminar el aprendizaje serían demasiado viejas para casarse. Por si fuera poco, el acceso a las clases de desnudo, la manera de aprender a dibujar la figura humana y pasaporte para la “alta pintura” de escenas de batallas o religiosas, estuvo vetado a las artistas durante siglos.

Entre las pocas mujeres pintoras de esa época, no estaba permitido el dibujo anatómico, que implicaba el estudio a partir del natural de cuerpos masculinos desnudos. Esto reducía sus oportunidades de aprendizaje y por eso muchas pintoras se especializaron en el bodegón. Dedicar los esfuerzos a los bodegones, incluso a finales del siglo XIX, era un modo de llevar adelante la carrera para muchas mujeres.

Se supone que trabajó en Amberes, tanto por las marcas de los soportes como por las que llevan algunos de los objetos que aparecen en sus pinturas, en un periodo de actividad comprendido entre el año 1607, en que se fecha su primer cuadro y el año 1621.

Sus obras destacan por el detallismo y porque los objetos se disponen unos juntos a otros, se aprecia su capacidad técnica y preciosista. Incluye minirretratos o también aparece su nombre en objetos que forman parte de sus composiciones.

Retomando el juego de reflejos, muy arraigado en la época, Clara Peeters subraya en su autorretrato una poderosa afirmación de su destreza. Pintar su efigie desde diferentes puntos de vista adaptados a la superficie de las copas o las jarras descubre un absoluto control sobre los ángulos, la escala, la perspectiva, la minuciosidad… y un orgullo sobre una autoría que a veces rubrican también las pastas con la forma de la “P” en su apellido.


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Sus maravillosos autorretratos camuflados cuando su rostro se descubre reflejado en unas gafas o el espejo de una polvera, hacen pensar, además, en las estrategias sofisticadas de tantas mujeres, a menudo obviadas por pintar géneros menores.

f11Bodegón con arenque, cerezas, alcachofa, jarra y plato con mantequilla

Miguel Morán Turina en su obra “Barroco, Pintándose a sí mismo” dice:

“A sí, por supuesto, e indudablemente tal es el origen primero de muchos cuadros y dibujos… Pero seguramente empezaban a interesar también a todos aquellos que consideraban al artista como un ser especial, cuyo rostro era digno de figurar en las galerías de hombres ilustres… En última instancia, a todos aquellos que, cuando adquirían algún cuadro de un pintor famoso, les gustaba encontrar introducido su autorretrato en él a modo de firma”.

El hecho de incluir su autorretrato en muchos de sus cuadros es una manera de dejar patente que se consideraba por encima de toda pintora, una forma de reivindicarse en una profesión dominada por hombres.

Destacan sus escenas de desayuno y florales, en las que objetos preciosos de metal o cerámica se acumulan aparentemente desordenados junto a flores, frutos y piezas de pesca o caza creando un conjunto multicolor.

Clara Peeters mezcla frutos, flores o piezas de pesca y caza con objetos preciosos como copas de cristal, vajillas de cerámica o metal, como una manera de mostrar la riqueza y el lujo en las casas de la burguesía de los Países Bajos en el siglo XVII.


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Clara Peeters comenzó a trabajar en la primera década del siglo XVII, solo unas cuantas obras de este tipo de género formaban parte de las colecciones de pintura de los Países Bajos tanto del norte como del sur. El gusto por los bodegones crecería de forma muy importante en los siguientes años.

f10Mesa, cuadro del año 1611

f9Detalle del cuadro “La mesa”

Meticulosa en el detalle, Clara Peeters incluyó como ya hemos visto, pequeños autorretratos en miniatura en los reflejos de las copas de algunos de sus bodegones. También era muy hábil a la hora de distinguir texturas.

Algunos autores apuntan, que en sus pinturas existen simbolismos religiosos, singularmente en el “Bodegón con un pez y un gato” en el que el pez, símbolo de Cristo, estaría colocado en la posición de una cruz.

f8“Bodegón con un pez y un gato”

La escritora norteamericana Wendy Wasserstein considera que Clara Peeters fue infravalorada debido a su sexo.

Su primer cuadro esta datado en el año 1607. Hay un documento del año 1635 que habla de un cuadro “Banquete de dulces” del año 1608. Se sabe que seis de sus cuadros llevan soportes que fueron construidos en Amberes.

En seis de sus cuadros conocidos aparece el mismo cuchillo de plata en el que está inscrito su nombre. Se puede ver una marca de la ciudad de Amberes en la hoja de los cuchillos.

Debemos saber, que en aquella época histórica los comensales llevaban su propio cuchillo cuando eran invitados a cenar. Los cuchillos que aparecen en sus cuadros se empleaban como regalo de bodas.


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El Museo madrileño del Prado cuenta con cuatro de sus mejores bodegones, procedentes de la colección real y tres de ellos firmados en el año 1611. Constituyen el grupo de obras más amplio que puede verse actualmente en un solo museo. La producción de cuadros conocida de esta artista es muy escasa y se haya desperdigada en múltiples colecciones, varias de ellas privadas.

f7“Naturaleza muerta con frutero de plata”

La última obra de Clara Peeters en el siglo XVII es un cuadro de pájaros. En la primera mitad del siglo XVII, Amberes era líder en producción y exportación de pintura en Europa. Los bodegones de Clara Peeters eran muy importantes en esa economía de exportación.

Después del año 1621 se desconoce si siguió pintando. Se sabe que se casó con Hendrick Joosen en el año 1639, su actividad como pintora debió pasar a un segundo plano.

Clara Peeters se convirtió en el año 2016 en la primera mujer pintora protagonista de una exposición en el Prado, organizada con la colaboración del Museo Real de Bellas Artes de Amberes. Junto a su exposición se puso el foco en la situación de las mujeres artistas a principios de la Europa Moderna.

No consta que pintara con posterioridad al año 1621 y trabajó para clientes como reyes y nobles. Su producción formó parte de colecciones como las de Felipe IV o el Duque de Leganés en España.

Como vemos, Clara Peeters en una de las grandes figuras del bodegón en el s XVII. Las naturalezas muertas son su sello, por la meticulosidad con la que las realizó, por su originalidad, y por realizarlas desde un realismo matizado.

Clara buscó captar la apariencia real de lo representado frente al idealismo propio del Renacimiento, destacando el contraste entre la luminosidad de los objetos y los fondos oscuros e introduciendo elementos que generaban dinamismo y transmitían temporalidad, como el gato en posición de acción, a punto de abalanzarse a un pescado o de huir de la mesa.

f6Clara Peeters. Bodegón con quesos, almendras y panecillos, 1612-1615. Mauritshui

Veamos un cuadro en concreto

“Bodegón con quesos, almendras y panecillos”

Si estudiamos los quesos que aparecen en este cuadro, podemos comprobar cómo los pintó con gran detalle y detenimiento. Presenta un orificio de cata en el gouda y un trozo cortado de forma triangular y siendo el queso de oveja. En primer plano queda uno marrón verdoso, quizá un edam, tipo de queso producido sobre todo en Holanda del Norte, con leche de vaca.

Sobre el queso hay un plato de mantequilla. Clara repitió este motivo, de tres quesos y plato con mantequilla en varias obras, pero incorporando sutiles diferencias. Los Países Bajos eran en el siglo XVII grandes consumidores de este alimento, que producían a gran escala y en innumerables variedades, para consumo local y para exportación.

En esa época era habitual desayunar queso y mantequilla y estos manjares cotidianos también se servían a menudo al final de la comida. Al ser abundantes, eran accesibles a gente de toda condición, lo que no impide que una pila de quesos pudiera sugerir cierto lujo entonces, asociarse a la prosperidad.

f5f4Bodegón con quesos, almendras y panecillos (detalle)

En primer término queda un plato azul y blanco de porcelana china con higos, pasas y almendras. A este tipo de porcelana se le llama Wanli, porque gran parte de su producción coincidió con el mandato de ese emperador.


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Clara fue una de las primeras artistas en incluirla en bodegones. Este plato aparece en otras obras suyas, con diversos alimentos pero con idéntica ornamentación, lo que sugiere que pudiera ser de su propiedad.

Esta porcelana se importaba entonces directamente a Holanda desde Indonesia, donde los chinos comerciaban con ella, y pronto fue frecuente en hogares de las clases medias y altas.

El cuello de la jarra parece decorado con el rostro de un sátiro, con barba y orejas puntiagudas, y surcan su cuerpo incisiones lineales. Estas jarras solían tener un caño que las distinguía de los jarrones o cántaros. Probablemente se usara para servir vino o cerveza.

f3Son habituales estas jarras en los bodegones de Clara Peeters, y las jarras y jarrones de cerámica vidriada se dan con frecuencia en los bodegones contemporáneos realizados en Flandes y Holanda. Las decoraciones de algunos los acerca al lujo.

La copa de vidrio con tapa dorada, ejecutada a la manera veneciana, donde se soplaba a partir de vidrio translúcido. En la primera mitad del XVI, ya se fabricaban en Amberes copas de cristal siguiendo modelos italianos. Clara fue la pionera en representar este tipo de piezas, que se usarían para beber vino.

Sobre esta mesa hay también un cuchillo nupcial, que formaría parte de una serie de cubiertos ofrecidos como regalo de bodas en una funda decorada. Solían tener, los cuchillos nupciales, un mango de plata que se ensanchaba en su extremo, repujado por ambas caras con adornos, figuras alegóricas o escenas bíblicas.

Este cuchillo, presenta dos figuras de mujer en nichos, bajo las inscripciones FIDES y TEMP que significa “fe y templanza”. Por encima, dos manos entrelazadas sostienen un corazón en llamas.

Este mismo cuchillo también lo representó Peeters en al menos cinco obras más, así que es probable que, como el plato de porcelana, también fuese un utensilio real.

La mayoría de los cuchillos nupciales conservados llevan inscrito el nombre de la novia y la fecha de la boda, pero el hecho de que en este veamos el nombre de Clara Peeters no quiere decir necesariamente que fuera suyo ni que lo obtuviera con motivo de su matrimonio.

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La hoja del cubierto contiene una marca que es símbolo de Amberes. No es habitual que los cuchillos nupciales se incluyeran en bodegones. Clara fue la única que los pintó. Se utilizarían en las comidas, pero con toda seguridad, no a diario.

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Clara Peeters, la pintora de los bodegones
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