lunes 17/5/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

Uno, dos, tres…

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James Cagney, en un fotograma de la película Uno, dos, tres… de Billy Wilder.

¿Recordáis la maravillosa comedia de Billy Wilder, Uno, Dos, Tres, esa hilarante descripción de la lucha de trincheras de la guerra fría con el frente más destacado en Berlín? Qué grande James Cagney, qué grande el humor y las ganas de vivir, y qué grande la insobornable y astuta mirada del genio austriaco exiliado del nazismo. Todo es genial en este film, pero yo quiero dedicar esta entrega a Fritz, el estirado asistente alemán que taconea marcialmente de manera sospechosa tan pronto entra su jefe en escena, aunque jura y perjura que él no se enteró de nada en eso del nazismo, él un simple conductor de tranvías durante la masacre de judíos y la destrucción de Europa.

Fritz, que sería más tarde retratado con mayor precisión, con tintes de drama y profundidad moral por Hannah Arendt en su Ensayo sobre la banalidad del mal,  es un personaje que se va a ver clonado por cientos de seguidores del autoritarismo que tras la debacle de Trump van a escamotearse del modo que puedan, si no como asistentes de opereta al menos como [email protected] incisivos. Algunos se ocultarán  tras banderas e historia desmemoriada, otros tras los retos de los mercados, otros más se esconderán ante lo que creen dudas razonables y finalmente otros muchos no se van a esconder, simplemente esperarán que vengan los marcianos y acaben el trabajo que no ha podido terminar el twitero en jefe. En fin, que muchos Fritz van a deambular por ahí negando ninguna responsabilidad de su apoyo a la majadería autoritaria y justificando sus incontenibles taconazos en el hecho de su inmenso amor por la causa democrática.

Porque responsabilidades se van a exigir, penalizaciones va a haber, de facto ya las está habiendo. Al margen de la caída del number one, sea por aplicación del artículo 25, sea por impeachment, naranjito tiene los días contados. Las redes antaño tan serviciales han comenzado a tomar distancia cerrando cuentas por lo que les pueda caer, que no es poco: la revisión del modelo de negocio y la regulación de todas sus actividades. Los medios convencionales TV, radios y prensa, comienza en USA a alejarse del embrollo y buscan noticias alternativas, método que tanto les gustaba antes para mantenerse en el machaque continuo de la existencia de una realidad inexistente. Suma y sigue.

Y si creéis que esto es algo estrictamente relacionado con lo que pasa allí, ni de coña. La transmisibilidad de la presión que la banda de Trump ejerció en ciertos países del mundo, y también a España (las garras de Steve Bannon aquí son Vox populi) es reversible, es decir que el ajuste de cuentas que se va exigir a los facciosos americanos y a sus correas de difusión, también va a proyectarse en el resto del mundo. Particularmente en el ámbito europeo, que ya no estamos para segundas versiones del fascismo. Las instituciones y los tribunales, y también las academias y las fundaciones que articulan las sociedades modernas van a aplicar, presumiblemente, una purga a fondo dado el susto y el daño potencial de la actitud irresponsable y provocadora del autoritarismo versión actual.

No tengo una bola de cristal, pero en USA las voces exigiendo responsabilidades suenan atronadoras y aterradoras, la calaña de los esbirros asaltantes ha dejado bien a las claras la naturaleza ingobernable de un cambio político que no tiene más norte que el amor incondicional a una figura prefabricada, que no tiene el decoro de acabar con un mínimo de dignidad su fracaso teniendo tan cerca la experiencia de su guía espiritual 88 (1). Las empresas y sus gestores, amortizada su cuota de presencia en el fenómeno con sendos regalitos fiscales y de dinero inyectado para recuperación, como cabía esperar, dan la espalda y buscan en el respeto a la ley y el orden lo que ahora creen que les conviene más. Wall Street da por finalizada la etapa y descubre que el enfrentamiento directo con China y el abandono del multilateralismo no es buena cosa para sus negocios a medio y largo plazo. Y hace tiempo que algunos de los CEO más destacados habían advertido que no les gustaba como cazaba la perrita. En fin, que la exigencia de responsabilidades es un clamor que no va a provocar resistencia más allá de la de los lunáticos que encontrarán alguna forma de invocar a la Rana Pepe para que les saque del atolladero.

La solicitud de reparación por uso irresponsable de la conducta propia, que como digo va a trasladarse a Europa y a medio plazo también a otras partes del mundo, va a tener como consecuencia el abundamiento de muchos Fritz que, ensimismados fanáticos de sus respectivos líderes, se escudarán en un yo no sabía nada, yo estaba jugando al golf, digo conduciendo un tranvía, y por eso no me enteraba de nada, mientras suena un estentóreo clac de tacones o un tímbrico clinc en una señal de tráfico en Núñez de Balboa.

El renegado existe y es estiércol para abonar otro fétido futuro, no obstante es muy sano reírse de él (nada personal señor Casado). Por tanto hago mías las palabras de Fernando Trueba cuando recibió su Oscar en Hollywood: me gustaría creer en dios para agradecerle este premio, dijo, pero yo creo en Billy Wilder, así es que, muchas Gracias señor Wilder.

¡¡¡ Muchas gracias señor Wilder!!!  

[1] En el demente arcano nazi, 88 hace referencia a la doble posición 8ª de la letra H, en Heil Hitler

Uno, dos, tres…