martes 13/4/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

Lo que no se está diciendo de las elecciones de Catalunya y sus consecuencias para España

catalunya elecciones

El dato más significativo de las elecciones catalanas celebradas el 14 de febrero en Catalunya ha sido la enorme abstención. Nunca antes la participación en el proceso electoral había sido tan baja. ¿Por qué? La respuesta más inmediata a esta pregunta por parte de los mayores medios de información del país ha sido que se ha debido a la pandemia, y al temor de la población a salir a la calle y contagiarse de coronavirus. En principio, esta explicación parecería lógica y razonable. Pero hay un dato que cuestiona que la pandemia haya sido la única causa de esta elevadísima abstención. Y es que ha habido una variación muy marcada en el nivel de abstención según el nivel de renta media de las secciones censales. A menor la renta, mayor ha sido la abstención y su incremento. En realidad, tal incremento de la abstención ha sido incluso más acentuado en las secciones censales de los barrios populares, con una presencia mayoritaria de la clase trabajadora. Y estos son los barrios que se han visto más afectados por la gran crisis social y económica que ha sufrido Catalunya durante estos últimos años y que ha aparecido con toda su crudeza durante la pandemia. La pobreza en estos sectores ha alcanzado niveles sin precedentes en el período democrático (casi el 40 % de la población en los barrios populares está en riesgo de pobreza, porcentaje que alcanza más del 50 % para la población por debajo de los 18 años). Y ha sido, precisamente, en estos barrios donde ha habido no solo  una mayor abstención, sino también un crecimiento mayor de esta abstención.

La distancia entre lo que los establishments político-mediáticos consideran importante y lo que amplios sectores de la población definen como esencial está aumentando

Ello parece indicar que ha habido otras causas para la abstención, además del miedo al contagio por coronavirus, lo que sorprendentemente ha sido silenciado en los fórums mediáticos y políticos del país. Me estoy refiriendo al enorme desapego hacia las instituciones representativas democráticas por parte de la mayoría de la población catalana y muy en particular de las clases populares, fenómeno que se ha generalizado en muchos países a los dos lados del Atlántico Norte y que se da con especial intensidad en España y, en particular, en Catalunya. En esta parte de España hay una gran distancia entre lo que los establishments político-mediáticos consideran que son temas esenciales y ocupan un espacio central en sus debates, y lo que sectores muy amplios de la ciudadanía (y, muy en especial, sus clases populares) consideran importante. Este distanciamiento ha alcanzado también unos niveles sin precedentes, y ha contribuido a esta elevada abstención. Las encuestas creíbles muestran la dimensión de esta distancia entre lo que la gente normal y corriente considera importante y lo que los establishments político-mediáticos priorizan. El paro y los problemas cotidianos de carácter social -como la sanidad, la vivienda y las escuelas, entre otros- son los temas prioritarios para las clases populares, mientras que el debate nacional del supuesto conflicto España-Catalunya absorbe la atención de dichos establishments. Es lógico, por lo tanto, que el deterioro de la situación social de las clases populares que está teniendo lugar durante la pandemia acentúe todavía más esta distancia y esta alienación de la ciudadanía hacia la clase política catalana, y este distanciamiento explica que el dato más llamativo de las últimas elecciones catalanas haya sido el enorme crecimiento de la abstención que no puede explicarse solo debido a la pandemia, dato que casi ha pasado desapercibido en los mayores medios de información.

Los datos muestran, pues claramente que este aumento de la abstención ha sido más acentuado en los barrios obreros que en los barrios de mayor renta. En el barrio más rico de Barcelona, Pedralbes, el porcentaje de población votante pasó del 86% en 2017 al 67,1% en 2021, una disminución de 19 puntos. Como contraste, el barrio con menos renta, Ciutat Meridiana, pasó de un 68,5% en 2017 al 36,5% en 2021, un descenso de 32 puntos. Puesto que el voto independentista es mayor en la mitad de la población que tiene una renta superior a la media, a la vez que vemos que la abstención más acentuada se produce entre la mitad de renta inferior (donde predomina la mayoría no independentista), ello explica que con un voto independentista menor en 2021 que en 2017 se alcanzara el tan famoso y anhelado 51% de la población votante a favor de la independencia, como justificación para exigirla ya.

Los datos muestran también el gran declive del bloque independista

La segunda característica de la abstención es que, a pesar de que aumentó en mayor medida entre los no independentistas que entre los independentistas, el hecho es que estos últimos perdieron también un gran número de votos, representando uno de los mayores retrocesos de este espacio político y, muy en particular, entre el sector heredero del pujolismo. He explicado en un artículo reciente en qué consiste el pujolismo: es un movimiento político profundamente conservador, con una ideología nacionalista supremacista excluyente, que se considera como la “auténtica Catalunya”, menos-valorando a las clases trabajadoras no nacidas en Catalunya (ver mi último artículo, El urgente y necesario cambio en Catalunya y en el resto de España, Público, 09.02.21), a las que definen peyorativamente como “charnegos”. Lejos de haber desaparecido, el pujolismo es la ideología dominante en las derechas catalanas, cuyas luchas internas entre distintos sectores del aparato del partido han originado divisiones internas con la aparición de dos versiones principales del pujolismo: una, la visión más moderada del “procés” (el PDeCAT), liderada por Artur Mas, y otra, la rama más radical (JxCat), dirigida por Puigdemont y Torra. Pero ambas formaciones políticas son en política económica muy liberales, siendo JxCat la que tiene más economistas trumpistas en su lista. El Sr. Canadell, número 3 de la lista de JxCat (presidente de la Cámara de Comercio de Barcelona), ha alabado explícitamente algunas de las políticas centrales del trumpismo (como ha hecho también Vox). Puede parecer paradójico que dos partidos a priori tan opuestos en el abanico nacional (JxCat y Vox), compartan propuestas políticas semejantes que perjudicarían a la clase trabajadora catalana. JxCat y el PDxCAT derivan de Convergencia Democrática, que fue, en su día, miembro de la familia liberal europea, junto con Ciudadanos aunque este último presionó para que se la expulsara de tal grupo, acusándola de partido corrupto, lo cual parece probado por una larga historia de clientelismo a través del cual ejerce una gran influencia en los medios de comunicación de Catalunya, no solo públicos (TV3 y Catalunya Radio) -a los cuales instrumentaliza de manera abusiva-, sino también a los privados a los que ayuda con subsidios importantes.


¿Y si las elecciones catalanas del 14-F no cambian nada sustancial?


De hecho, JxCat y el PDeCAT son sucesores del partido pujolista -Convergencia Democrática- que fue el principal aliado del PP cuando gobernaba para aplicar su política fiscal, empresarial, financiera y económica. Sus recortes del gasto público social han sido los más severos en España, perjudicando los servicios públicos del Estado del Bienestar catalán como sanidad, servicios sociales, educación, servicios de dependencia domiciliarios y residenciales, vivienda, entre otros, aumentando el enorme déficit de gasto público que tienen estos servicios y que ha aparecido con toda claridad durante la pandemia.

El fin de la versión moderada del pujolismo

Esta pérdida significativa de votos refleja un declive muy marcado del pujolismo, que significó su fin, en su versión moderada, el PdeCAT, permaneciendo ahora su versión radical, JxCat. Por lo demás, el largo periodo de gobierno de Convergencia Democrática se debe al apoyo que le dio la democracia cristiana catalana -Unió Democrática-, hoy prácticamente desaparecida, y más recientemente ERC (un partido de centroizquierda) y la CUP (un partido de izquierda), que han antepuesto su objetivo de alcanzar la secesión Catalunya del resto de España,  sobre todo lo demás, siendo eso causa de su pérdida devoto de voto, más ERC que la CUP (JxCat perdió 380.231 votos,  ERC 332.254 y la CUP 6.159). Esta gran pérdida del apoyo popular contrasta con el mensaje mediático triunfalista de que los independentistas han ganado las elecciones y son ahora -por fin- los representantes de la mayoría de la población (al haber obtenido el 51% de votos). En realidad, el primer posicionamiento que dio a conocer el gobierno independentista de la Generalitat tras las elecciones del domingo pasado fue que el independentismo había ganado las elecciones por primera vez por mayoría del voto popular y, por lo tanto, tenía pleno derecho a exigir la independencia en nombre de la mayoría de la población catalana. Lo que no se dice es que, en realidad, el voto independentista, en su totalidad, ha bajado espectacularmente, pasando de representar el 39,03% del censo electoral en 2017 al 27,07% en 2021. Así pues, solo uno de cada cuatro catalanes ha votado a un partido independentista. Es más, la ley electoral catalana es, como la española, profundamente sesgada para favorecer a las fuerzas conservadoras, pudiéndose haber hecho una ley electoral propia, Catalunya es la única comunidad autónoma al día de hoy sin una ley electoral propia (por que no ha interesado al pujolismo), de manera tal que si el sistema electoral catalán fuera proporcional (es decir que el número de escaños parlamentarios de los partidos fuese proporcional al numero de votos recibidos), el bloque independista no habría alcanzado la mayoría parlamentaria que tenia y ahora tendrá. En el sistema electoral actual (diseñado por el gobierno Pujol), donde el bloque independista (ERC recibió el 21,30 % del voto, JxCat el 20,04% y la CUP el 6,67%, sumando 48% del voto) no alcanzó la mayoría, se le asignarán a ERC 33 escaños, a JxCat 32 y a la CUP 9, sumando 74 escaños, proveyendo una gran mayoría parlamentaria, 6 escaños más de los necesarios para tener mayoría, aunque los tres partidos que tienen representación parlamentaria no tienen la mayoría del voto popular. Si el sistema fuera proporcional, la asignación sería diferente y los escaños serían ERC 29, JxCat 27 y CUP 9, sumando 65 escaños (que no llega a la mayoría de 68). En cambio, en casos de establecerse un tripartito de izquierdas (PSC, ERC y ECP), éste, que ya con el sistema actual tendría una mayoría de escaños (PSC 33, ERC 33 y ECP 8, sumando un total de 74 escaños), continuaría teniendo la mayoría en un sistema proporcional (PSC 31, ERC 29 y ECP 9, sumando 69 escaños), al revés del bloque independista que no lo conseguiría. Ni que decir tiene que el sistema proporcional es más representativo y democrático, pero no es el que se utiliza en la mayoría de los países del sur de Europa, donde las derechas han sido siempre más poderosas que las izquierdas, al revés de lo que ocurre en el norte de Europa donde la democracia está más desarrollada y el Estado de Bienestar está más financiado.

“El superpatriotismo” de la derecha independentista y sus costes

Los datos anteriores muestran la falsedad del argumento del bloque independista, hegemonizado por JxCat que está promocionando la imagen de que la mayoría de la población catalana es independista. Esta realidad queda ocultada bajo su supuesta defensa de la “patria” catalana, adoptando una postura extrema (casi carlista) y radical en el caso de JxCat en su intento de mantener una amplia movilización, siendo su base electoral, primordialmente, la burguesía, pequeña burguesía, la clase media alta y la población rural. Las políticas públicas de recortes del gasto público social y las reformas laborales regresivas y punitivas a la clase trabajadora catalana son, en gran parte, las responsables de la enorme crisis social de Catalunya (las rentas del trabajo, como porcentaje de todas las rentas, son de las más bajas en España y en la Europa occidental, y las rentas de capital son de las más altas).

Lo que debe subrayarse es que Convergencia Democrática y  no JxCat no hubiera podido gobernar por tanto tiempo sin el apoyo de ERC y la CUP. ERC tiene su base electoral (además de en zonas poco pobladas, algunas de ellas de ámbito rural junto con JxCat), en las clases medias catalanas como las que viven en barrios como la Sagrada Familia, algunas de antigua vocación independentista y otras con una vocación más reciente. Venció también en barrios trabajadores, primordialmente de clase trabajadora, como Poblenou, la Barceloneta, Sants, el Clot y Guinardó.

Las consecuencias del procés independentista: la división de Catalunya

Este bloque independentista, en su compromiso por alcanzar rápidamente la secesión (independencia exprés), ha creado como respuesta un voto hostil que han ido canalizando varias formaciones políticas en distintos momentos. En 2017, Ciudadanos, bien conocido por su hostilidad hacia el independentismo, canalizó este enfado y ganó las elecciones en Catalunya. Y este año, 2021, lo ha hecho el PSC, cuyo candidato, además de ser identificado con una causa popular –el control de la pandemia y la vacunación-, situó como punto central de su campaña el hartazgo con el independentismo. Su BASTA YA tuvo un punto movilizador, con un mensaje orientado sobre todo a movilizar el voto trabajador que había perdido. Fue el candidato de izquierdas que constantemente habló en catalán y en castellano. Recuperó los votos que había perdido y ganó en la gran mayoría de barrios obreros de las zonas más pobladas, un total de 652.858 votos.

Vox, el otro vencedor de las elecciones (ganó 217.883 votos), representa el voto de ultraderecha nacionalista españolista, también hostil al secesionismo, presentándose con una imagen de protesta (“que se vayan todos”), acusando a todos los demás partidos de olvidar el daño que los inmigrantes están haciendo al pueblo español. No han escondido tampoco su añoranza y afinidad hacia el régimen autoritario anterior, promocionando “la ley y el orden”, mensaje que atrajo a las clases pudientes, por un lado, y a sectores de la clase trabajadora no cualificada en barrios con un gran porcentaje de población migrante, por el otro. Entre las primeras, los barrios pudientes como Pedralbes, Sarrià o Sant Gervasi; y, entre las segundas, los barrios obreros del “cinturón rojo” de Barcelona. Poco apoyo obtuvo, sin embargo, entre las clases medias, excepto entre las comunidades religiosas de orientación españolista. También obtuvo gran apoyo en los barrios donde viven las fuerzas armadas, reafirmando la relación más que preocupante que existe en España entre estas y Vox.

El descenso popular de En Comú Podem (ECP)

ECP obtuvo su apoyo mayoritariamente en distritos y barrios de clase trabajadora (como Nou Barris y el Raval) y de las clases medias identificadas históricamente con las izquierdas. No ganó prácticamente en ningún distrito, pero tuvo apoyo (alrededor del 9% del voto) en los barrios citados anteriormente (y en algunos, como el Raval, incluso alcanzó el 14%). Su base electoral continúa siendo el sector leal de la izquierda tradicional y una parte del voto variable (que es un sector muy extenso) que en esta ocasión se desplazó en gran parte al PSC y en menor medida a Vox. Su candidata a la presidencia de la Generalitat de Catalunya, Jéssica Albiach, fue la gran sorpresa de la campaña y tuvo una soltura y saber hacer, con un discurso claro y directo, que le permitió mantener parte de su electorado popular. En realidad, un sistema proporcional le hubiera dado incluso un escaño más: 9 escaños.  Pero la campaña electoral no es suficiente para dotar de identidad a este espacio. Esta coalición de partidos de Catalunya en Comú y Podem Catalunya, ha perdido apoyos entre las clases populares y, muy en especial, entre la clase trabajadora no nacida en Catalunya (que simpatizó con el 15-M, origen de este espacio), entre la cual está creciendo una gran animosidad al independismo que canalizó PSC y VOX, pero no el ECP. Éste perdió 131.734 votos desde el 2017, en parte debido a que en un panorama muy polarizado sobre el debate nacional el ECP tiene dificultades en una Catalunya mas dividida que nunca, en donde la mayoría de los medios de información y persuasión, se centran en el conflicto nacional, ignorando el social.

¿Qué escenario se abre ahora?

Una hipotética coalición entre las izquierdas independentistas y las no independentistas sería la más idónea para resolver la enorme crisis social que vive Catalunya, pues esta ha estado determinada, en gran parte, por la división de las izquierdas en dos bloques, lo que ha propiciado que Catalunya fuese gobernada por las derechas liberales y conservadoras, una coalición con las derechas deseada por los poderes económicos, fácticos y mediáticos de Catalunya y España, las mismas derechas que han gobernado Catalunya durante casi todo el período democrático. El protagonismo del tema territorial y nacional ha servido para dividir a las izquierdas y también ocultar la enorme crisis social y sus responsables:   las derechas españolistas en el estado español y las derechas independistas en Catalunya. Los partidos de izquierda independistas, al poner su deseo por la independencia por encima de todas las otras consideraciones, tienen una enorme responsabilidad por la crisis actual.

El argumento independentista de que la secesión de Catalunya de España conllevaría una mayor riqueza para Catalunya (argumento central de su discurso) y, por lo tanto, un mayor bienestar de las clases populares ignora la realidad (conocida ampliamente entre los expertos en temas de bienestar y calidad de vida) de que el bienestar de la mayoría de la población -las clases populares- no depende de la riqueza del país (el PIB per cápita), sino de la distribución de esa riqueza. Estados Unidos es el país más rico del mundo y, sin embargo, tiene los peores indicadores de bienestar y calidad de vida (como mortalidad infantil o esperanza de vida) entre los países a los dos lados del Atlántico Norte. Y la causa de ello es que desde la época del presidente Roosevelt nunca ha sido gobernado por una coalición o partidos de izquierdas. Y lo mismo ocurrido en Catalunya (excepto durante el tripartito) y podría ocurrir en una hipotética Catalunya independiente. El hecho de que Catalunya haya estado casi siempre gobernada por las derechas podría repetirse en esa eventual Catalunya independiente, puesto que las fuerzas que liderarían la transición pertenecerían, de mantenerse la correlación de fuerzas actuales, a las derechas de siempre, gobernando una Catalunya muy polarizada, con la mayoría de las clases populares y trabajadoras en contra.

Por último, es importante resaltar que el independentismo ha polarizado no solo Catalunya, sino también España, de manera tal que ha sido Catalunya la más perjudicada en esta polarización. El muy marcado declive y pérdida de protagonismo económico en España son consecuencia de ello. Ello exigiría un cambio notable de la correlación de fuerzas en Catalunya que, aunque es muy necesaria, es poco probable que ocurra en un futuro próximo. Mientras, la radicalidad del bloque independista explica, en gran parte, el surgimiento del ultranacionalismo jacobino autoritario y antidemocrático españolista, heredero del régimen dictatorial fascista anterior, que está influenciando a todas las derechas en España, acentuando una polarización política a lo largo del territorio español que está teniendo consecuencias muy negativas par el país, dificultando el crecimiento de una España plural, poliédrica, y plurinacional con sensibilidad social que permita desarrollar una España alternativa, justa, y más democrática. Ni que decir tiene, que el Estado español, resultado de una transición inmodélica de la dictadura a la democracia, mantuvo unos aparatos represivos y antidemocráticos que ha estimulado el crecimiento del independentismo y se ha beneficiado de su radicalidad en busca de la independencia exprés. Pero ello ha sido a costa de haber mantenido un enorme subdesarrollo social y democrático en España incluyendo Catalunya. 

Lo que no se está diciendo de las elecciones de Catalunya y sus consecuencias para España