jueves 13/5/21
TRIBUNA DE OPINIÓN

Apatrullando la ciudad

El otro día, el primero de los de campaña oficial en Madrid salí de casa y, mira por donde, la primera farola con la que tropecé servía de colgador para un cartel de propaganda de un partido de color verdoso que contiene la imagen de una pareja que parece muy despierta y atenta a todo cuanto pueda suceder a su alrededor. El afiche contiene un slogan que dice: Protege Madrid. El cartel es de Vox, lo digo para quienes se han ahorrado la contemplación de esta boutade alarmista.

Debe ser un cartel realizado con una extraordinaria precisión comunicadora, que es lo que busca todo buen publicitario, llegar a lo más hondo de ti pulsando los resortes de lo sentimental. Y a fuer que lo consiguieron, levantar la vista, clavar mis ojos en la parejita y comenzar a sonar en mi interior el hit Apatrullando la ciudad cantado por el Fary en alguna de las películas de la serie de Torrente fue todo uno. Y con el temita y sus rimas rumberas acabaron cayendo sobre mi todas las miasmas de lo cutre, lo casposo y lo inmoderado que sostienen al personaje de Segura. Me había llegado el mensaje con todo su estertor.

Aterrador sin lugar a dudas, porque el éxito de la serie del policía, que no lo es aunque lo crea, como Smith, se debe a las líneas de interconexión básica y ancestrales que unen lo más bajo de los instintos atávicos con la apreciación de la vida en su formato actual. Los millones de fans del atrabiliario policía entienden que es una sátira que puentea el diferencial entre los mecanismos bestiales de nuestros antecesores paleolíticos y los manifestados hoy en cualquiera de las situaciones en que la vida nos pone a todos. Y digo aterrador porque fue el propio Santiago Segura quien tuvo que advertir públicamente que había un grupo de incondicionales de su personaje que no veían la diferencia, que no se daban por enterados de que el personaje no era una propuesta sino una deformación, muy divertida, de hasta dónde puede llevarnos el descontrol de los factores animales de nuestra existencia.Como yo interpreto al personaje, creen que yo soy así y lo celebran dándome cachetones en la espalda venía a decir en una de sus miles de entrevistas.

Pues si, parece que los responsables de Vox deben formar parte del colectivo de quienes no se aperciben que Torrente y su incansable desvelo por defendernos y apatrullar sin descanso no es más que una parodia, lo que se sucede en la pantalla, mis queridos amigos de Núñez de Balboa, no es un documental, es de broma, de verdad os lo digo, me he informado. Pero parece que lo tomáis con total veracidad, como si fuera un tutorial de youtube que te enseña a ser un gañan y manejarte en cualquier situación, basta seguir las instrucciones mostradas en sus simples imágenes y comentarios,y ale, a hacer el Torrente día y noche por ahí.

Sé que no va a ser fácil que aceptéis que hasta la cochambre exhibida en sus calzoncillos está prefabricada, para que se parezca a las cochambres universales. Una vez más he de deciros que eso es atrezzo, parte de la recreación. Claro que vuestra resistencia a creerlo podría deberse a que estáis acostumbrados a convivir en medio de lo ruin y lo bajo, la cochambre, de modo que un lamparón por aquí una zurrapa por allá no cambia lo básico.  Esto es un problema, lo reconozco, si vives en un lodazal es difícil que, así de repente, una mañana te pongas limpiar el polvo o a denunciar una amenaza. Tenéis un problema porque vivís en una realidad infecta y no hay director de cine ni creador de personajes que pueda deciros que todo es una ficción, un sueño paródico en el que jugáis el papel de los aprendices nacionales de sus admirados alter right americanos, como en otra de las afamadas películas de gánsteres nacionales de los 60.

En fin, difícil papeleta, vais a tener que competir con otros servidores del orden que están más organizados, disponen de equipamiento y sobre todo de respaldo legal para hacer frente al crimen. Cuidado con ellos porque por mucho que tratéis de mimetizaros luciendo sus mismos símbolos, a veces te sorprenden deteniendo a cualquier malandrín, no importa si se cree por encima del dictado de la ley.

Yo aconsejo que hagáis como vuestra central, el partido popular, que ha contratado a un gurú del marketing para trasladar al conjunto de sus cuadros y representantes ideas que puedan proyectarse sobre los desarmados votantes. Marcos de Quintos es un tipo que conoce sobradamente que los conceptos insertos en los mensajes publicitarios no tienen por qué responder a la realidad, pero deben resultar verosímiles. No vas a ser un conquistador por usar ésta o la otra colonia, pero si creas un contexto seductor, la colonia acabaría surtiendo efecto.

Pero es que vuestra cartelería no genera otra verosimilitud que la torrentina, un mundo costroso cuya relación con la realidad requiere de un viaje en el tiempo muy hacia atrás. No os queda otra que apatrullar la ciudad. Y sin tonterías en las tediosas esperas, que hay mucho musculito por ahí suelto.

Apatrullando la ciudad